viernes, 16 de septiembre de 2011

Isla de basura en el Océano Pacífico.

Cerca de 100 millones de toneladas de desechos flotan a la deriva en el océano, formando un área casi equivalente al territorio de Chile, o dos veces el de Italia.

Cada año, en todo el mundo, se producen 100 millones de toneladas de plásticos. Un 10% termina en el mar. Así es como ha llegado a formarse el llamado trash vortex (vórtice de basura), un área de 700 mil kilómetros cuadrados ubicada entre los Estados Unidos y Japón y que puede llegar a tener, en promedio, 334 mil piezas de desechos por kilómetro cuadrado.

Esta masa inmensa de residuos fue descubierta en 1997 por el investigador Charles Moore cuando volvía de una competición de vela de Hawaii. "Cada vez que subía a cubierta para inspeccionar el horizonte, veía una botella de jabón, una tapa de la botella o un trozo de plástico flotando", contó por aquel entonces. "Aquí estaba yo, en el medio del océano, y no había ningún lugar al que pudiera ir que no tuviera plástico".

Fue él quien dio a conocer al mundo científico sobre los seis kilos de residuos plásticos que podían encontrarse en el norte del Pacífico por cada kilo de placton, el alimento básico de muchos de los organismos marinos.

La también llamada "sopa flotante" cubre 800 kilómetros de la costa de California, rodea Hawaii, y llega casi hasta Japón. "Los plásticos absorben contaminantes y liberan químicos, que van a parar al pescado que comemos", explicó el científico Marcus Eriksen, del centro de investigación marino Algalita.

Esta institución, fundada por Charles Moore, realizó en 2008 un estudio en el que descubrió que, de los 671 peces que analizaron, el 35% estaban contaminados. Más allá del peligro que eso puede representar para el ser humano, también se han encontrado cadáveres de pájaros que tenían el estómago lleno de tapas de botellas de plástico, cepillos de dientes, restos de jeringuillas y otros restos no biodegradables.

El problema, a juicio de Moore, es que la mayoría de los productos de plásticos se usan una sola vez y no existe un buen modo de que vuelvan al consumidor para que sean reciclados, por lo que estos residuos pueden terminar en el mar. Este oceanógrafo ha explicado cómo las corrientes submarinas han provocado que a lo largo de los años se concentren en el norte del Pacífico unos 100 millones de toneladas de basura, o dicho de otro modo, el 2,5% de todos los productos de plástico que se han elaborado desde 1950.

No deja de ser llamativo que el 20% de los residuos provengan de las mismas embarcaciones marinas que surcan los mares, mientras que tres de los países que generan parte de los desechos del norte del Pacífico son México, Australia y China, grandes consumidores y productores de residuos.

Debido a la salinidad de las aguas, la temperatura y sobre todo la escasez de viento, en el Pacífico Norte se ha creado una zona en la que las corrientes marinas apenas tienen movimiento. Esta área se llama Giro del Pacífico Norte y es la más grande de las cinco principales que existen en el planeta.

"Los vientos y las corrientes tienden a dirigir a la materia que flota en el agua hacia la zona central de baja energía del remolino", explica Greenpeace. Los trozos de plástico se degradan poco a poco con la luz del sol, se desintegran en minúsculos pedazos y así terminan en el estómago de aves y de todo tipo de animales marinos. El daño que hacen al ecosistema marino es incalculable, aunque la ONU lanza algunas cifras: cada año, mueren un millón de aves y hasta 100 mil animales marinos por tratar de deglutir residuos plásticos.

Semejante extensión de basura podría ser muy impactante sólo a simple vista, pero el plástico es transparente y la mayor parte de los residuos están justo debajo de la superficie, así que las fotos por satélite no podrían mostrar el horizonte de desechos que cubre el norte del océano Pacífico.

Soluciones, por ahora, no hay ninguna. El impacto medioambiental es extraordinario y las medidas para revertirlo deberían plantearse a largo plazo para ser sostenibles. Hay, no obstante, algunas iniciativas como la del Proyecto Kaisei, que estudia el detritus de los residuos para evaluar la posibilidad de transformarlos en algún tipo de combustible.

Esta institución, junto con otras organizaciones ecológicas, alertan del perjuicio medioambiental que conlleva la existencia de la isla de la basura, aunque no haya fotos impactantes y aunque no se perciba desde tierra adentro. Éste es un riesgo real del que no está excluido el ser humano.

Fuente: Infobae.com

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