viernes, 4 de septiembre de 2015

La caza y la pesca convierten al ser humano en un superdepredador.

Un estudio demuestra que el humano tiene tasas de depredación hasta 10 veces superiores a las de los grandes carnívoros
La tecnología y conducta humana comprometen el futuro de la fauna del planeta
La sexta gran extinción está en marcha

Ni el tiburón blanco ni el león. El único superdepredador del planeta es el ser humano. Ahora que la caza y la pesca de subsistencia son residuales, un estudio muestra que el ser humano tiene tasas de depredación hasta 10 veces superiores a las de los grandes carnívoros. El trabajo, que cuantifica el carácter depredador humano, apuesta por un cambio radical en las prácticas de caza y pesca. Para la primera, exige aprender a convivir con los animales. Para la segunda, dejar de pescar a los peces adultos e ir a por los más pequeños.

Que los humanos son el mayor depredador del planeta lo dice la larga lista de las extinciones de animales a manos del hombre. Desde los mamuts y los tigres diente de sable hasta el armadillo gigante, pasando por la casi aniquilación del bisonte americano o la práctica desaparición de, al menos, dos especies de rinocerontes, en casi todos los casos los humanos fueron y son los agentes causales. En unas ocasiones la extinción sucede al grave deterioro del ecosistema donde vivía el animal, en otras es el propio avance humano el que se lleva por delante a toda una especie. Pero hoy, son las prácticas de caza y pesca humanas las que comprometen el futuro de los animales.

Un grupo de ecólogos canadienses ha querido desentrañar qué hace tan letal al ser humano y cuantificar su grado de depredación en comparación con los mayores depredadores del planeta, como los grandes felinos, los mamíferos marinos o los tiburones. Para ello, repasaron toda la bibliografía científica que encontraron con estudios y estadísticas oficiales sobre la caza y pesca humanas o las investigaciones con datos sobre sus rivales en la cúspide ecológica. En su trabajo, publicado en Science, incluyeron a casi 400 especies de depredadores, 282 marinas y 117 terrestres.

"Examinamos todos los datos disponibles sobre animales marinos y mamíferos terrestres de cada océano y cada continente a excepción de la Antártida. La mayoría de la información es de 1990 en adelante", decía en una teleconferencia el profesor de la cátedra Hakai-Raincoast de la Universidad de Victoria (Canadá), Chris Darimont. Según sus estimaciones, la pesca marina humana es el depredador dominante de las presas adultas, con una ratio de explotación mediana (valor medio o central) del 14% del total de biomasa de ejemplares adultos al año. Esa mediana no refleja los valores extremos, con casos de especies que llegan al 80%. "Esta ratio mediana es unas 14 veces la de cualquier otro depredador no humano del océano", añade Darimont. Ya sean orcas, tiburones o atunes.
En tierra, los datos, aunque menores, son igual de reveladores. Los humanos y resto de depredadores muestran una tasa de depredación similar: los primeros capturan hasta un 6% de herbívoros como ciervos, caribúes o alces mientras que los segundos rebajan el porcentaje hasta el 5% anual. Sin embargo, los humanos son el único depredador que convierte a los otros depredadores en presas. Combinando estos dos hechos, el ser humano tiene una ratio de depredación de animales terrestres nueve veces mayor que la del león o el tigre. Y eso que los investigadores retiraron de la ecuación al lobo, que supone un tercio del total de depredadores cazados por el hombre.

"En general, no nos comemos a los grandes carnívoros, así que se les mata como un trofeo, por razones de competencia, para reducir las pérdidas en el ganado, o por la medicina" (sic), comenta en un correo Darimont. Hace decenas de miles de años, los humanos, en un lento proceso, empezaron a dejar de ser presa de estos animales para convertirse en depredadores. Las distintas tecnologías para la caza, desde el arco hasta el rifle pasando por el uso del perro, y en el último siglo, el uso de combustibles fósiles, ha hecho que la caza no tenga apenas coste para los humanos cuando para los demás depredadores siempre existe el riesgo de salir mal herido.

Esa combinación de conducta y tecnologías humanas es, para los investigadores, la base del desajuste de muchos ecosistemas. Los otros depredadores eligen como presa a los ejemplares más jóvenes y débiles. La consecuencia a corto plazo es que no reducen la tasa reproductiva de los adultos y eliminan posibles focos de infección entre los rebaños. A largo plazo, como mecanismo de selección natural, favorecen la mejora genética de sus presas. Los humanos, en cambio, eligen las mejores piezas, adultos en su máximo esplendor, elegidos por tener la mejor cornamenta o la melena más grande. El impacto ecológico a corto es evidente, las consecuencias de esta selección artificial a largo aún están por estudiar.

Pezqueñines, sí gracias
El mismo análisis lo aplicaron a las especies marinas. El resultado es problemático porque no es lo mismo la caza, que en su mayoría es por el trofeo o la mal llamada medina tradicional, que la pesca moderna e industrial, de la que se alimentan milones de personas. También es paradójico, ya que supone contradecir el paradigma actual de la conservación marina ejemplificado en las campañas oficiales del pezqueñines, no gracias.
"El cambio evolutivo entre las presas de los humanos impulsado por apuntar a los adultos ha reducido el tamaño corporal , especialmente entre los peces. Esto es preocupante porque los peces más pequeños tienen menos descendencia y las poblaciones ya no SOPORTANlas capturas humanas como en el pasado", sostiene Darimont.

¿Significa eso que todo el modelo de sostenibilidad de la pesca basado en la captura de los adultos, no es tan sostenible? "Sí, de hecho, nosotros estamos sugiriendo que el paradigma central de la gestión de recursos pesqueros y vida silvestre ha de ser reconsiderado y ha de serlo porque, en especial en el entorno marino, cuando nos fijamos en las estrategias reproductivas conformadas por la evolución, estas se apoyan en un régimen depredador que se centra en los juveniles y mantiene niveles de explotación reducidos entre los adultos, lo que beneficia a estas poblaciones y, en última instancia, a los humanos", asegura el investigador canadiense.
Los investigadores creen que para volver a un equilibrio habría que actuar en varios frentes. En cuanto a los animales terrestres, solo un cambio en la conducta humana podría salvar a los grandes depredadores. "En algunos casos, para proteger a los grandes carnívoros amenazados por la caza de trofeos exigirá una presión social que impulse un cambio político. El rechazo moral expresado en todo el mundo por la muerte de Cecil, el león, nos señala que ese tiempo puede estar algo más cerca", dice Darimont.

En cuanto a la pesca, su colega y coautor del estudio, Thomas Reimchen. apunta que no se trata tanto de dejar de pescar a los adultos para enredar a las crías sino de adecuar la ratio de depredación humana a la natural. "Se trata de ir a unas tasas de extracción de juveniles similar a la de los otros depredadores que, en general son menores al 10%", apunta Reimchen. Eso supondría reducir drásticamente las capturas pesqueras. Además, tanto la captura como el procesado de los pequeños ejemplares es más costoso que los grandes.

Los investigadores reconocen que es un reto de tal magnitud que presenta grandes dificultades pero, añaden: "No es muy diferente de lo que cada vez con más frecuencia e intensidad se está hablando de cambiar nuestro modelo basado en la economía del carbono". Es el carácter de superdepredador, tanto en el uso de los combustibles fósiles como en el de la biodiversidad, el que ha llevado a los humanos y al planeta a la situación actual.

Fuente: ElPais.com

martes, 25 de agosto de 2015

Los grandes deltas del mundo sufrirán mayores inundaciones.

El delta del río Ganges, que muere en el Índico (color añil) es uno de los
 más amenzados por las inundaciones. / USGS EROS DATA CENTER
Un nuevo mapa mundial dibuja la situación actual y futura de las tierras bajas más afectadas por los eventos climáticos extremos y la subida del nivel del mar
La subida del nivel del mar se ha acelerado más de lo que se pensaba

Un nuevo mapa de riesgos de los grandes deltas del planeta dibuja la situación actual y futura de las tierras bajas, es decir, las zonas o regiones con poco relieve que habitualmente se encuentran a menos de 150 metros de altitud. En el futuro, habrá mayor riesgo de inundaciones azuzadas por la alteración del complejo sistema fluvial por parte de los humanos, eventos climáticos extremos y el aumento del nivel del mar. Esta vez, según este estudio, los países ricos no tendrán tan fácil escapar de las consecuencias del cambio climático con sus trucos de ingeniería.

A los humanos nos gusta vivir cerca del río. Más de la mitad de la población mundial se asienta a lo largo de alguno de ellos. La concentración es mayor en la desembocadura: unos 340 millones de personas viven en el delta de los mayores ríos del mundo. Otros 140 millones se encuentran en un radio de 25 kilómetros. Las razones son evidentes, tradicionalmente han sido zonas ricas en pesca y muy fértiles para la agricultura. Muchas civilizaciones, desde las mesopotámicas hasta la romana, pasando por las asiáticas, han nacido donde moría algún río.

"Los deltas son sistemas complejos. Dependen del suministro regular de sedimentos para balancear el hundimiento natural de la tierra", explica el investigador de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, Zachary Tessler. Pero este proceso dinámico lleva tiempo siendo alterado por los humanos. "Las actividades humanas afectan a la integridad de los deltas reduciendo el aporte de sedimentos en el río desde la cabecera y también cómo se depositan en el delta", añade. Las presas río arriba, los diques y canales alteran la circulación del limo. "Además, la extracción de aguas subterráneas, petróleo o gas bajo el delta también pueden aumentar la ratio de hundimiento" concluye. ¿Resultado? Un mayor riesgo de sufrir inundaciones ya sean marinas o fluviales.


Tessler, junto a un grupo de colegas, ha elaborado el que podría ser el primer mapa de riesgos de los 48 mayores deltas del mundo. Usando datos geofísicos de cada delta, su exposición a eventos climáticos como maremotos o huracanes, el grado de desarrollo urbano, socioeconómico y de infraestructuras de protección de la zona y la cantidad de personas que viven en el delta, los investigadores han podido establecer un índice de exposición al riesgo de los habitantes de los deltas.
Los 10 deltas más expuestos, donde la catástrofe sería mayor, son todos asiáticos o africanos. Entre los cinco primeros se encuentran los grandes ríos que mueren en el golfo de Bengala, en la India y Bangladés, como el Krishna (el más expuesto), el Ganges o el Brahmani. Para encontrar un delta expuesto en los países más desarrollados hay que ir hasta el puesto 29, con el río Po, en el norte de Italia. El Ebro aparece en un meritorio 39 lugar en este índice que combina riesgos climáticos, grado de desarrollo e impacto en la población.
El mapa muestra los deltas estudiados y sus cuencas. Arriba, situación de riesgo actual medida
 por el color y población afectada (diámetro del círculo). Abajo, situación futura en un escenario de costes de infraestructuras elevados. / TESSLER ET AL/SCIENCE




"El Ebro se beneficia de acabar en el Mediterráneo, teniendo por tanto una puntuación relativamente baja en el índice de eventos peligrosos. Aunque se enfrenta con tormentas relativamente importantes asociadas a crecidas del río o grandes olas en la costa, no tiene que lidiar con ciclones tropicales o tormentas como las que suceden, por ejemplo en el delta del Misisipi. Por otro lado, el Ebro se beneficia de tener un gobierno eficaz y un elevado PIB per cápita en comparación con otros deltas. Dicho esto, río arriba, la cuenca esta poblada de presas que reducen la llegada de sedimentos al delta", comenta Tessler.
En los últimos lugares de la lista aparecen dos de los deltas más conocidos del mundo desarrollado, el del Misisipi, en EE UU, y el del Rin, que, tras atravesar toda Alemania muere en la costa de los Países Bajos. Ambos son el ejemplo del triunfo del hombre sobre la naturaleza. Como ocurre con el Ebro, el grado de desarrollo de estos países ha hecho que toda la ingeniería existente se haya puesto al servicio de su estabilidad.
Pero lo que muestra el estudio de Tessler y sus colegas, publicado en la revista Science, es que, en el futuro, ni los deltas de los países ricos estarán a salvo. Introduciendo en su mapa nuevos elementos, como la progresiva elevación del nivel del mar y la proliferación de eventos climáticos extremos, ambos relacionados con el cambio climático, el mapa mundial de los deltas cambia de forma sustancial.
Los deltas de los ríos del golfo de Bengala seguirán siendo los más expuestos, pero los gigantes que mueren en el Mar de China, como el Yangtsé, y el Mekong, en el sudeste asiático, entran entre los 10 más expuestos. Lo más llamativo, sin embargo, es que grandes deltas occidentales, como los del Rin, el Misisipi o el Ródano multiplicarán hasta por cinco veces su índice de riesgo. Y es que, a pesar de su capacidad económica, las inversiones para la protección de estos estuarios crecerían de forma exponencial. Para Tessler, se hace necesario buscar sistemas sostenibles inspirados en la naturaleza si se quiere asegurar los deltas en el futuro.
El milagro holandés se agota
"Las sociedades humanas necesitan buscar técnicas innovadoras para sostener los deltas. Una manera de hacerlo sería con la ingeniería basada en la naturaleza", sostiene el profesor de la Universidad de Amberes, Stijn Temmerman. "No tenemos mucha experiencia con estos sistemas, pero se está ejecutando algunos grandes proyectos en algunos deltas y aún necesitamos más investigación sobre estos proyectos basados en la naturaleza", añade este investigador, ajeno al estudio de Tessler.
Temmerman conoce bien el caso del delta del Rin y, en general, el de los Países Bajos y su eterna pelea con el mar. Después de siglos de arrebatarle tierra al océano, unos nueve millones de personas viven allí por debajo del nivel del mar. Sin embargo, la creciente necesidad de nuevas inversiones para ampliar la infraestructura de diques, muros y canales está empezando a agrietarse.
El satélite Landsat muestra el avance del mar en el delta del Misisipi entre 1973 y 2014.
 /ZACHARY TESSLER, CON DATOS DEL USGS/NASA LANDSAT PROGRAM

"El modelo holandés, ganar tierra al mar levantando diques y presas, ha sido relativamente exitoso en los pasados siglos, cuando el cambio climático y la elevación del nivel del mar eran mínimos, pero está bajo una creciente presión debido a la aceleración del ritmo de elevación del mar por el cambio climático, la alteración humana del proceso natural del delta y los crecientes costes para mantener las estructuras artificiales contra las inundaciones", explica Temmerman.
Para el investigador belga, como para Tessler, solo hay una alternativa y es volver a la naturaleza: "lo que significa conservar y restaurar los humedales todo lo que se pueda, ya que estos absorben las acometidas del agua, reduciendo el riesgo de inundaciones en las zonas pobladas del delta. Son además más sostenibles, al acumular tierra con la elevación del mar y más eficientes desde el punto de vista de los costes".

Fuente: ElPais.com


domingo, 2 de agosto de 2015

La NASA publica la imagen más completa de la Tierra.

El satélite fue lanzado el pasado mes de febrero y hace unos días alcanzó su órbita

Para lograr esta imagen, se tuvieron que integrar tres fotografías distintas.


Una cámara del satélite Observatorio Climático del Espacio Profundo (DSCOVR) ha captado por primera vez la imagen de un lado completamente iluminado de nuestro planeta, tomada a 1.5 millones de kilómetros de distancia.

Dicha fotografía ha sido capturada por la herramienta EPIC (Cámara de Imagen Policromática de la Tierra) que permite la captación de imágenes en diez bandas distintas para estudiar los fenómenos terrestres. Para lograr esta imagen, se tuvieron que integrar tres fotografías distintas.

"Los beneficios que se pueden obtener de esta primera imagen de nuestro planeta demuestra lo importante que es la observación desde el espacio", afirmó uno de los responsables de la administración espacial, Charlie Bolden. Asimismo, el ex astronauta señala que "quiere que todo el mundo tenga la posibilidad, como él, de apreciar y disfrutar la Tierra como un sistema interactivo e integrado".

Estas vistas de la Tierra así como sus medidas y alertas de los fenómenos meteorológicos causados por el sol, ayudarán a toda persona a controlar los continuos cambios que se producen en la Tierra y entender cómo nuestro planeta encaja en el sistema solar.

Estas primeras imágenes muestran los efectos de la luz solar dispersadas por las moléculas de aire, dando a la imagen un tinte azulado característico.

Creado a propuesta del vicepresidente de Estados Unidos Al Gore, se le conoce informalmente como el 'GoreSat' y anteriormente como 'Triana', en homenaje a Rodrigo de Triana, primer avistador de América en la tripulación de Cristóbal Colón. El Observatorio Climático del Espacio Profundo fue lanzado el pasado mes de febrero y hasta hace solo unos días no había alcanzado su órbita de trabajo.

Fuente: ElMundo.es

lunes, 20 de julio de 2015

¿Qué países tienen mayor proporción de inmigrantes?

Según un estudio de Naciones Unidas el 3,2% de la población del mundo, reside en otro país distinto al de su nacimiento. ¿Cuáles son los más elegidos?

El estudio más reciente de la ONU sobre la migración internacional revela que el 3,2% de la población mundial vive en un país distinto de aquel en el que nació. La investigación incorpora 265 áreas, países o regiones, sobre las que se especifica la población de migrantes internacionales en cada uno de ellos en proporción con la población total.

Esta estadística, presentada en un informe de la ONU de 2013, se diferencia de la lista de países con mayor número de inmigrantes, liderada tradicionalmente por EE.UU., ya que lo que pretende destacar es la relación porcentual entre el número de habitantes de un lugar y la cantidad de foráneos que viven allí.

Excluyendo protectorados y territorios no incorporados, como las Islas Malvinas, San Martín y Macao, los diez primeros países con mayor proporción de inmigrantes son:

1) Ciudad del Vaticano: 100,0%

2) Emiratos Árabes Unidos: 83,7%

3) Catar: 73,8%

4) Mónaco: 64,2%

5) Kuwait: 60,2%

6) Andorra: 56,9%

7) Bahréin: 54,7%

8) Brunei: 49.3%

9) Luxemburgo: 43,3%

10) Singapur: 42,9 %

Los países del mundo con mayor porcentaje de inmigrantes RT

De todos los habitantes de la Santa Sede ninguno ha nacido allí, lo que convierte al Vaticano en el país con mayor presencia proporcional de inmigrantes. Los Emiratos Árabes Unidos y Catar son los Estados del Golfo que más explotan la mano de obra barata de trabajadores que vienen de países como Bangladesh, India y Filipinas.

En el otro extremo de la escala figuran seis países en los que se estima que sólo un 0,1% de la población nació en el extranjero: China, Cuba, Indonesia, Vietnam, Lesoto y Madagascar.

Fuente: RT


Fuente: TiempoDeSanJuan.com

sábado, 13 de junio de 2015

Un planeta de extremos climáticos.

El año 2014 fue el más cálido de la Historia. Y 14 de los 15 años más calurosos se han registrado en el siglo XIX. El aumento de temperaturas globales, la reducción de las masas de hielo y nieve y el aumento del nivel del mar han llevado a los científicos hacia el consenso inequívoco de que el mundo se está calentando a consecuencia de la actividad humana. Pero la pregunta del millón aún no ha podido ser contestada: ¿La ola de calor de 2003 en Europa, las inundaciones de Bangladesh el año pasado o la sequía que asola California desde hace meses son consecuencia directa del calentamiento causado por el ser humano?

La ciencia del clima sólo es capaz de hablar de tendencias de aumento de temperatura y de probabilidades de que ocurran más eventos extremos, pero hasta ahora no podía explicar el grado de responsabilidad del cambio climático en un acontecimiento concreto. Una nueva investigación dirigida por el prestigioso investigador de del Instituto de Ciencias del Clima y la Atmósfera de Suiza, Reto Knutti, ha roto con esos viejos miedos y ha desarrollado un modelo capaz de evaluar hasta qué punto está aumentando el cambio climático la ocurrencia de las olas de calor y de las lluvias torrenciales. Y los resultados son sorprendentes. El 75% de los eventos de temperaturas extremas y el 18% de los grandes aguaceros son atribuibles al cambio climático, según las conclusiones del trabajo, publicado hoy en la revista 'Nature Climate Change'.

Los expertos en ciencias del clima llevan años tratando de diseñar modelos que permitan averiguar el grado de implicación del calentamiento global en eventos meteorológicos extremos, como olas de calor, sequías o tormentas. Lo que han hecho los autores del estudio es aplicar a escala global los modelos diseñados para acontecimientos concretos, como la ola de calor europea de 2003, que mató a decenas de miles de personas en el continente.

Las conclusiones y la estadística del trabajo son robustas, según los expertos, pero se sigue sin poder decir 'esta inundación se debe al cambio climático'. A lo máximo que podrán llegar los investigadores es a asegurar que el 18% de esas lluvias son consecuencia directa del calentamiento.
«Lo que han estudiado los autores es lo que conocemos como atribución, es decir, asignar una relación de causa-efecto, y eso es algo muy difícil», explica José Manuel Moreno, catedrático de la Universidad de Castilla La Mancha y vicepresidente del Grupo II del Panel Intergubernamental para el Cambio Climático de Naciones Unidas (IPCC, por sus siglas en inglés). «El símil del fumador es perfecto. No podemos decirle a nadie que haya muerto por fumar, pero sí podemos explicarle cuánto ha crecido la probabilidad de morir anticipadamente debido al tabaco», explica Moreno.

Lo que sí han elaborado los autores es un mapa del mundo con las probabilidades de ocurrencia de temperaturas y lluvias extremas en distintos puntos del planeta. «El aumento de la probabilidad de que ocurran eventos extremos en España y en el resto del sur de Europa es sustancialmente mayor que en Europa central o del norte», explica Erich Fischer, investigador del Instituto de Ciencias del Clima y Atmosféricas de Suiza y autor principal del trabajo.

En este escenario de aumento global de extremos climáticos, España no está precisamente bien situada. «Aunque nuestros resultados no se fijan en las diferencias regionales, el cambio a largo plazo es consistente con las tesis aceptadas hasta ahora de que España y el sur de Europa son 'hotspots' (zona de riesgo) que sufrirán en mayor medida los eventos extremos de altas temperaturas», dice Fischer. «Con respecto a las lluvias extremas, los cambios en el sur de Europa no están claros», reconoce.
No obstante, a escala global sí se ha evaluado lo que ocurrirá en el futuro en diferentes escenarios de aumento de temperatura. Lo más llamativo quizá es el impacto que tendrá el cambio climático sobre las lluvias torrenciales si se cumplen los objetivos marcados por los científicos y que se prevé que sean reconocidos por la comunidad internacional en la Cumbre del Clima de París en diciembre de 2015. En un mundo 2ºC más cálido, el 40% de las grandes tormentas se deberán al cambio climático.

«La idea de que en un mundo dos grados más caliente cerca de la mitad de las lluvias extremas no hubieran ocurrido si no fuera por el cambio climático causado por el ser humano debería dar que pensar a los políticos que tratan de mitigar y de adaptarse al cambio climático», plantea en un artículo que acompaña a la investigación Peter Stott, investigador del Met Office, el servicio meteorológico británico.

Fuente: ElMundo.es

En busca de predecir los terremotos.

La Tierra se retuerce a 15 kilómetros bajo la superficie de Nepal. Un cabalgamiento de placas geológicas -la piel de roca de nuestro planeta, para entendernos- donde una se desliza bajo la otra tras el choque de continentes que formó hace 55 millones de años la cordillera del Himalaya continúa sacudiendo la zona de cuando en cuando. Y normalmente los temblores no vienen solos, sino seguidos de un buen número de réplicas que en ocasiones empeoran las consecuencias de la catástrofe humana.
Los geólogos llevan siglos estudiando los mecanismos que causan los terremotos. El problema para los expertos ha sido siempre poder llegar a predecir con suficiente antelación cuándo se va a producir un gran temblor como los últimos que han azotado Nepal causando más de 8.000 muertes. Desde hace años, diversos proyectos internacionales investigan con diferentes metodologías cómo lograrlo.

Quizá el modo más prometedor es mediante la perforación del subsuelo en zonas sísmicas. El objetivo es alcanzar la falla que provoca los temblores en cada lugar para instalar sensores que puedan medir la deformación de la roca, los fluidos, la temperatura... Y poder así llegar a hacer previsiones del riesgo sísmico.

"Estamos aún lejos de llegar a predecir un terremoto en la escala temporal humana, pero en tiempos geológicos sí sabemos dónde y cuándo se van a producir grandes terremotos", asegura María José Jurado, experta en terremotos del Instituto de Ciencias de la Tierra Jaume Almera (CSIC). "Pero se podría hacer una analogía con la Meteorología, donde es muy sencillo hacer previsiones porque tenemos muchísimos observatorios vía satélite y de muchos otros tipos para saber qué tiempo hará dentro de unos días. Si nosotros tuviéramos una red de observatorios de terremotos en el subsuelo nos permitiría saber dónde y cuándo se puede producir un terremoto", dice Jurado.

Esta investigadora española ha sido líder de algunos proyectos internacionales destinados precisamente a perforar el subsuelo oceánico en la falla que produjo el terremoto de Japón del año 2011 para instalar sensores que ayuden en la predicción de seísmos en el futuro. «El objetivo del proyecto es penetrar los fondos oceánicos de las zonas en las que se producen los epicentros de los terremotos para monitorizarlos y poder estudiar su origen», asegura Jurado. «Estas investigaciones nos servirán para desarrollar un sistema de predicción de terremotos con un plazo suficiente como para poder actuar y evitar grandes daños», explica. A escala global, podríamos imaginarla como una gran Red de Observatorios de los fenómenos sísmicos. Por desgracia, en Japón aún no se han podido alcanzar los 5.000 metros de profundidad del hipocentro de aquel devastador seísmo. En la actualidad, el Chikyu, el buque de perforación científica japonés, está entre los 2.000 y los 3.000 metros.

Desgraciadamente, España se ha quedado fuera de los dos grandes consorcios internacionales, el Programa Internacional para el Descubrimiento del Océano (IODP, por sus siglas en inglés) y el Programa Internacional de Perforación Científica Continental (ICDP, en inglés), por no pagar desde 2011 las cuotas a las que se comprometió como país.

Precisamente, estos programas en los que España ya no participará ya han avanzado en este tipo de técnicas de perforación para predecir seísmos en lugares señalados como la falla de San Andrés (California), la de Nankai (Japón), entre otros. De hecho, uno de los proyectos que se están evaluando en el organismo internacional es para perforar en el Tibet, lo que podría haber ayudado ante una catástrofe natural como la que está asolando Nepal.

Fuente: ElMundo.es

El origen de las lenguas europeas.

Montículos funerarios de la Edad de Bronce Dinamarca
La Edad del Bronce fue un momento de grandes migraciones humanas. Y con ellas también de una enorme circulación cultural que implicó importantes cambios tanto en Asia como en Europa Central. Aquellos cambios dieron forma hace entre 3.000 y 5.000 años a la estructura demográfica actual del Viejo Continente, según dos investigaciones publicadas en la revista Nature que suponen el mayor estudio genético sobre poblaciones antiguas europeas realizado hasta la fecha.

El primero de los dos trabajos, dirigido por el investigador del Harvard Medical School de Boston David Reich y por el de la Universidad de Adelaida (Australia) Wolfgang Haak, ya fue publicado en la edición online de la revista hace algunos meses y analizó el ADN de 69 individuos con una antigüedad de entre 8.000 y 3.000 años. Pero Nature ha querido esperar a la publicación de un segundo estudio liderado por el investigador del Centro de GeoGenética de la Universidad de Copenhague Eske Willerslev. En este caso, los científicos han analizado la información genética de 101 individuos, 19 de ellos completos, lo que duplica el número de genomas de esta época disponibles para la ciencia.

A priori puede parecer que nada tiene que ver el ADN con el lenguaje o la dispersión cultural. Y, en efecto, así es. Pero en este caso la genética ha acudido al rescate de las ciencias arqueológicas y lingüísticas, para cerrar un viejo debate en torno al momento en el que las lenguas indoeuropeas entraron en Europa Central.
Desde hace tiempo existen dos hipótesis enfrentadas sobre cuándo se produjo la entrada en Europa de una familia de lenguas que incluye las itálicas, las germánicas o las eslavas, entre otras. Una de estas teorías proponía la entrada desde Anatolia -una península perteneciente a la actual Turquía- durante el Neolítico, hace más de 8.000 años, con los primeros agricultores. En cambio, los nuevos datos genéticos revelados por ambos trabajos se decantan por una entrada muy posterior de aquel lenguaje que sirvió de germen para dar lugar a la mayor parte de las lenguas que se hablan en la actualidad en Europa. Esta segunda hipótesis propone una entrada durante la Edad de Bronce desde las estepas de Asia Central, actuales Rusia, Ucrania o Kazajistán, empujados por la innovación que supuso la rueda y los carros tirados por caballos.

Los datos aportados por ambos trabajos demuestran por primera vez que hubo un cambio genético muy fuerte en Europa Central en aquella época, lo que podría explicar también un gran cambio cultural. «La magnitud del movimiento migratorio habría llevado consigo también un cambio idiomático», explica John Novembre, del Departamento de Genética humana de la Universidad de Chicago en un artículo que acompaña a ambos trabajos.
Además, los investigadores hallaron una gran similitud entre los genomas europeos analizados y las poblaciones llamadas Yamna, que habitaban las estepas. La información genética concuerda con las sospechas de los lingüistas que creían más probable una entrada posterior ya que la mayoría de las lenguas antiguas ya contenían referencias a la rueda, el eje del carromato, las riendas y otros vocablos relacionados con el tiro de caballos. Sería difícil explicar la presencia de estas palabras en todas las lenguas si su expansión se hubiese producido antes de la industria de la rueda.

Además, los datos genéticos indican que estas poblaciones también se expandieron hacia el Este. Lo que encaja con un posible origen de las lenguas tocarias que llegaron hasta China.

Sin embargo, ninguno de los trabajos explica algunos aspectos de la expansión de las lenguas europeas. «Sabemos que la rama más antigua de las lenguas indoeuropeas es el Hitita, hablada en el norte de Anatolia, lo que encajaba a la perfección con la otra teoría. Lo que no explican los trabajos es cómo las ramas más antiguas están en el sur de Europa», dice Carles Lalueza-Fox, investigador del Instituto de Biología Evolutiva de Barcelona. Y probablemente no pueden hacerlo por la falta de datos debido a las complicadas condiciones de conservación de muestras en los climas de las penínsulas Ibérica e Itálica, de Grecia o de Turquía, algo en lo que ya está trabajando el equipo del investigador español.

Pero el enorme trabajo de genética necesario para extraer la información de muestras antiguas no siempre bien conservadas ha arrojado otros datos interesantes al margen del lenguaje. Por ejemplo, que la pigmentación clara de los Europeos ya estaba presente en la Edad de Bronce. Aunque no así la tolerancia a la lactosa, que, según los investigadores, se debe a una selección positiva sobre el consumo de leche en adultos más reciente de lo que se creía.

Fuente: ElMundo.es

sábado, 2 de mayo de 2015

La cubierta vegetal mundial aumenta a pesar de la deforestación tropical.

China y Rusia tienen muy mala prensa ambiental. Tampoco sale bien parada la oscilación térmica conocida como El Niño (ENSO), un complejo fenómeno que provoca periodos de sequías alternados con intensas lluvias en muchas partes del planeta. Sin embargo, un estudio muestra como, a pesar de la deforestación de las selvas tropicales, estos tres actores o factores están haciendo reverdecer el planeta. Pero los investigadores advierten de que no se puede fiar el futuro del clima de la Tierra a chinos, rusos y los caprichos de El Niño.

Las plantas son la base de la vida. Sobre ellas descansan los ecosistemas de los que, en última instancia, dependen los humanos. La cubierta vegetal es, además, la primera línea de defensa contra el cambio climático. Bosques, selvas, pastos, matorrales o campos cultivados retiran de la atmósfera la cuarta parte del CO2 antropogénico (en su mayoría por los combustibles fósiles) que está calentando el planeta. Por eso, cada hectárea arrancada a las selvas amazónicas, de Indonesia o el África ecuatorial es un drama global.

Sin embargo, un estudio publicado en Nature Climate Change y realizado por investigadores de Australia muestra ahora que la deforestación de los bosques tropicales está siendo compensada con la reforestación en otras partes del planeta en la última década. Con datos de varios satélites de 20 años, los científicos han comprobado que grandes zonas de Rusia, China, el norte de Australia, el sur de África y hasta el este de Brasil están recuperando el verde.

"A pesar de la continua deforestación en América del Sur y el sudeste de Asia, hemos encontrado que la disminución en estas regiones se ha visto compensada por la recuperación de los bosques fuera de zonas tropicales y un nuevo crecimiento en las áridas sabanas y matorrales de Australia, África y el sur de América", dice el científico del Centro para la Investigación del Cambio Climático de la Universidad de Nueva Gales del Sur (Australia) y principal autor del estudio, Yi Liu.
Entre las ganancias de masa forestal y, por tanto, retirada de CO2 de la atmósfera, destacan las obtenidas en Rusia y China. Las mediciones satelitales muestran que en ambos países la cubierta vegetal ha aumentado en las últimas décadas, aunque por razones bien diferentes. "En Rusia, los bosques han ocupado de forma natural las tierras de cultivo abandonadas tras la caída del comunismo. Mientras, en China, los proyectos de repoblación masiva de árboles han aportado una cantidad destacada a la biomasa global", sostiene Liu. "Entre ambos actores, compensan más de la mitad de la pérdida de carbono debida a la deforestación tropical", añade.

En concreto, la pérdida de selvas tropicales ha conllevado una reducción de su capacidad de retener carbono robado a la atmósfera de unas 210.000 toneladas de CO2 (Tm/CO2) anuales entre 2003 y 2012. Por su parte, la nueva cubierta vegetal en Rusia y China captura cada año 100.000 y 70.000 Tm/CO2 respectivamente. Si se tiene en cuenta que la aportación de las selvas tropicales al total es de un 44%, por un 17% de los bosques templados y boreales, China y Rusia se merecen un aplauso.

El resto de las felicitaciones por aumentar la cubierta vegetal del planeta hay que dárselas a las sabanas y áreas de matorral. Su aportación al ciclo del carbono (medido como el intercambio neto entre la atmósfera y la tierra) no ha sido estudiada con la misma intensidad que la de los bosques. Por supuesto, por hectárea, su capacidad de captura es menor, pero se trata de grandes extensiones que, por azares del clima, están más verdes que nunca.

"Estos otros paisajes son relevantes porque cubren una extensión muy grande, particularmente en el hemisferio sur, cubriendo una buena parte de Australia, las sabanas africanas y en el sur de la Amazonia, el Cerrado. Si incluimos las áreas de matorral de zonas semiáridas, abarcamos una extensión aún mayor", recuerda el director del Global Carbon Project y coautor del estudio, el catalán Josep Canadell. Para este investigador de CSIRO, la agencia nacional de investigación de Australia (como el CSIC en España), "los flujos y cantidades de carbono son aún más pequeños que en los trópicos, pero lo importante es que estas regiones están cambiando".
Combinadas, la biomasa de sabanas y matorrales alojan, según el estudio, 50.000 Tm/CO2 al año desde hace un lustro. Eso hace que la captura neta global haya aumentado en los últimos años, invirtiendo la tendencia general de pérdida de cubierta vegetal observada en la última década del siglo pasado.

Hay varios factores que están elevando el protagonismo de sabanas, áreas de arbustos y, en menor medida de los campos cultivados: cambios en el uso del suelo, mejores técnicas agrícolas, reducción de incendios... Pero para Canadell hay dos elementos claves. "Hay evidencias de que una razón es el aumento de la eficiencia en el uso del agua debido al incremento del CO2 en la atmósfera", comenta. Puede parecer una paradoja, pero, como recuerda el investigador catalán, "el CO2 es malo para el clima, pero no para las plantas". Como sucede en un invernadero, al haber mayor concentración de dióxido de carbono, los estomas de la planta (poros en las hojas que le permiten respirar) no tienen que abrir tanto para tomar la misma cantidad de CO2, perdiendo menos agua que pueden usar para crecer más.
El otro factor tiene que ver con la oscilación térmica El Niño y su reverso, La Niña. Este fenómeno, que se inicia en el océano Pacífico, afecta a los patrones de lluvia, alternando periodos muy secos con meses de lluvias torrenciales en zonas donde dominan las sabanas o el matorral. El cambio climático está afectando a este juego infantil, alterando aún más la impredecible duración de cada periodo y su carácter más o menos seco.

"El cambio climático está trayendo más variabilidad al clima y, por tanto, a los ciclos de auge y colapso. Hemos estudiado estos ciclos y la vegetación crece más cuando hay más lluvia que la que se pierde cuando hay menos, por lo que creemos que el resultado final es que los sistemas podrán capturar más carbono", explica el director ejecutivo del Global Carbon Project.

Sin embargo, este aumento en el verde del planeta no basta. Como recuerda Canadell: "sabemos que sobre el 50% de las emisiones procedentes de las actividades humanas permanece en la atmósfera aún después de que la otra mitad sea retirado por la vegetación terrestre y los océanos. La única manera de estabilizar el sistema climático es reducir las emisiones de los combustibles fósiles a cero".

Fuente: ElPais.com
Miguel Angel Criado