viernes, 4 de septiembre de 2015

‘El Niño’ será uno de los peores desde 1950 por el cambio climático.

La Organización Meteorológica Mundial avisa de que tendrá su periodo de mayor intensidad entre octubre y enero
El Niño pone en alerta a las costas latinoamericanas del Pacífico

El cambio climático ha creado condiciones sin precedentes para el actual fenómeno de El Niño, que tendrá su periodo de mayor intensidad entre octubre y enero, según dijeron hoy expertos de la Organización Meteorológica Mundial (OMM).

Las predicciones del calentamiento de la superficie del mar en las zonas central y oriental del Pacífico tropical apuntan a que El Niño que está en desarrollo probablemente será uno de los cuatro más fuertes desde 1950. Los anteriores más potentes fueron los registrados en los periodos entre 1972/1973, 1982/1983 y 1997/1998.

Para sus pronósticos, los científicos toman en cuenta que, en agosto, las temperaturas de la superficie del mar ya estuvieron entre 1,3 y 2 grados centígrados por encima de la media, superando en un grado los umbrales habituales de El Niño. Los modelos utilizados apuntan a que las temperaturas se mantendrán al menos 2 grados por encima de lo normal y que incluso podrían subir algo más.

Los efectos de El Niño ya se hacen sentir en algunas regiones del mundo de manera muy variada y serán más patentes en los próximos cuatro a ocho meses, según la OMM, una agencia científica de Naciones Unidas y autoridad en la materia.
De manera general, este fenómeno climático puede provocar fuertes precipitaciones -y por consiguiente, inundaciones- en América Latina, Asia, Oceanía y Africa, con episodios de sequías en otras zonas de estas mismas regiones. Sin embargo, los países afectados cuentan ahora con más experiencia, conocimientos e información que nunca antes, lo que puede ayudarles a tomar medidas de prevención efectivas, opinó Maxx Dilley, director de Predicciones Climáticas de la OMM, al presentar la información más reciente sobre la evolución de El Niño.
El experto mencionó el caso de Perú, donde se están tomando acciones preventivas, como simulacros, y se optó por cancelar su participación en el rally Dakar 2016 por el riesgo de inundaciones o deslizamiento de tierra en zonas que formaban parte del recorrido.

Lo que es completamente distinto desde el último fenómeno de El Niño (entre 1997 y 1998) es que el actual está ocurriendo bajo nuevas condiciones, influidas por el cambio climático. Desde entonces, "el mundo ha cambiado mucho" y la capa de hielo del mar Artico se ha reducido a niveles mínimos, al tiempo que se ha perdido hasta un millón de kilómetros cuadrados de superficie nevada en el hemisferio norte, explicó el jefe del Programa de Investigación del Clima de la OMM, David Carlson.

"Han emergido nuevos patrones, y lo que es único ahora es que están coincidiendo por primera vez con El Niño", sostuvo. Desde el periodo 1997/1998 no se había observado la presencia de El Niño o de La Niña (el fenómeno contrario, causado por enfriamiento de las aguas superficiales de ciertas zonas del Pacífico), lo que también se considera inusual.

Carlson dijo que en la situación actual -con la influencia del deshielo en el Artico y el calentamiento del Pacífico tropical- "no sabemos lo que pasará, si ambos patrones se reforzarán uno a otro, se anularán, actuarán en secuencia o influirán en distintas zonas del planeta".

"Realmente no lo sabemos porque no tenemos precedentes para esta situación", insistió el científico. Las características de El Niño conocidas hasta ahora apuntan a que provoca un aumento de la intensidad de las lluvias en la costa oeste de Sudamérica (principalmente Ecuador y Perú), así como en los países del llamado "Cuerno de Africa". En cambio, se sufren sequías en Australia, Indonesia, el sudeste de Asia y el sur de Africa.

Fuente: ElPais.com

El ser humano ha cambiado de sitio 13.000 especies de plantas.

El primer mapa mundial de flora exótica muestra que Europa y América del Norte son las zonas con mayor número de vegetales alóctonos
La primera flor que coloreó el planeta floreció en lo que hoy es España

A pesar de sus raíces, las plantas también emigran. El primer mapa mundial de especies exóticas muestra que más de 13.000 variedades vegetales han emigrado a otras zonas de las que no son originales (alóctonas). Las zonas con mayor presencia de flora de fuera son América del Norte y Europa. Pero este viaje es de ida y vuelta: ambos continentes son también de los mayores exportadores. Aunque no todas las alóctonas son invasoras, el mapa ofrece una imagen global de los peligros para la flora autóctona.

Los botánicos son personas de orden, les gusta catalogar y clasificar. Una de sus normas preferidas es la llamada regla de los tres 10, planteada por el biólogo británico Mark Williamson: el 10% de las plantas importadas, ya sea de forma accidental o intencionada, acaba en un ecosistema diferente del original. La décima parte de ellas se establece y prospera. Por último, el 10% de estas últimas degeneran en plantas invasoras, alterando el nuevo medio y desplazando a las variedades autóctonas. A pesar de su elegancia, la regla no se había comprobado a escala mundial.

Para hacerlo, una cuarentena de científicos ha dado el primer paso y ha creado un mapa mundial de las especies alóctonas, aquellas que están donde no deberían estar. El trabajo, publicado en Nature, deja fuera las introducidas intencionadamente por su interés agrícola o comercial. Se centra en aquellas que han proliferado en ecosistemas diferentes del suyo hasta naturalizarse y formar parte del paisaje.
Con datos de 481 áreas continentales y 362 islas, que abarcan el 83% de la tierra de este planeta, los investigadores han encontrado 13.168 especies que han medrado al menos en otra zona diferente de la originaria. Eso significa que el 3,9% de toda la flora vascular ha colonizado otros territorios. Y la abrumadora mayoría ha sido por la acción humana. Los seres humanos, por medio la colonización, del comercio, sus viajes, sus rutas marítimas o carreteras y caminos, han roto las barreras biológicas que restringían a las plantas a su nicho original.

Entre los europeos, y en particular los españoles, existe la creencia de que Europa está invadida por especies de América del Sur, África o Asia. Esto puede ser cierto para algunas variedades introducidas en la agricultura europea, como la patata, el tomate, el maíz o el tabaco. Pero la realidad es más compleja y diferente. La zona con mayor número de alóctonas naturalizadas es América del Norte, en particular Estados Unidos, con casi 6.000 especies. La segunda es el continente europeo, con unas 4.100. Pero aquí, lo que más ha habido es un trasiego de especies dentro de las fronteras europeas y menos aportación extraeuropea.
"El hecho de que tanto América del Norte como Europa tengan tantas especies naturalizadas tiene mucho que ver con que ambos continentes son los mayores actores del comercio global. El movimiento de personas y cosas probablemente haya aumentado la introducción intencionada o accidental de especies desde una parte del mundo a otra", dice el biólogo de la Universidad de Constanza (Alemania) y principal autor del estudio, Mark van Kleunen. Pero enseguida añade un dato que complica el mapa: "Estos continentes han importado muchas especies, pero también han exportado otras muchas de sus propias especies".

En efecto, su mapa mundial de plantas alóctonas muestra que Europa es el mayor donante de especies, seguida de cerca por la Asia templada (China, Japón...). En tercer lugar vuelve a aparecer América del Norte. Charles Darwin, no sin un punto de etnocentrismo de científico del Imperio británico del siglo XIX, sostenía que las especies del hemisferio norte habían tenido una historia evolutiva mas dura y competitiva, haciéndolas más fuertes y capaces de adaptarse a otros medios. Eso explicaría, según él, su éxito invasor frente a las plantas del sur. En realidad, este estudio muestra que el principal destino de la flora norteña no es el hemisferio sur, sino las áreas del norte. El naturalista inglés olvidaba también el peso del colonialismo europeo, en este caso, colonialismo vegetal.
"Creo que los trópicos son, en términos relativos, pequeños importadores y exportadores porque las regiones templadas del hemisferio norte son grandes importadores y exportadores. Como decía antes, estas últimas han sido los mayores actores de comercio mundial y, como no, los europeos colonizaron muchas partes del mundo, llevando consigo muchas de las plantas que les eran familiares", explica van Kleunen.

Si se observa el mapa, lo primero que llama la atención es el rojo, donde se acumulan muchas plantas alóctonas. Destacan zonas de EEUU, como California o Florida, Japón, Nueva Zelanda o Inglaterra. La última puede revelar el gran peso que tuvo el colonialismo británico de la época del imperio. La colonización debió ser significativa también en Nueva Zelanda, donde se produjo una intensa llegada de colonos británicos. En el caso de California y Florida, donde abundan especies de origen español, como la Hypericum canariense, además del colonialismo, ambas zonas acogen bien especies de climas templados como de latitudes más tropicales. Para Japón, van Kleunen, aporta su carácter de isla, el intercambio intenso con China, su rol en el comercio mundial o la intensa urbanización que habría destruido los entornos originales, favoreciendo la llegada de las alóctonas.

España es Europa, así que sigue el patrón del continente. Los últimos datos sobre la flora ibérica y canaria estiman que en sus suelos hay 7.071 especies de plantas. El 12% son alóctonas, pero los porcentajes varían mucho: del 20,7% de Canarias al 10% de la península o el 9,7% en Baleares.
"La importancia de este mapa reside en que es la primera vez que se cubre el planeta entero", comenta el investigador del CSIC en el Real Jardín Botánico y uno de los 41 científicos que han participado en su elaboración, Francisco Cabezas. Aunque no es una sorpresa para él, el segundo dato más revelador es el principal agente causal de este mapa: "el factor humano ha moldeado el panorama de las plantas en la naturaleza", dice.

La aportación de Cabezas al estudio no se ha centrado en la situación española, de la que ya había suficiente información, sino hacer una imagen de la flora africana, en particular la de Guinea Ecuatorial, en la que lleva trabajando varios años dentro del proyecto del mismo nombre. La importancia de esta pequeña zona de África es, además de su propia condición, que se trata de un microcosmos donde estudiar toda la flora del Golfo de Guinea y el centro de África.
"Los ecosistemas tropicales no tienen tanta disponibilidad de nichos como los del hemisferio norte. El engranaje está tan bien desarrollado que es muy difícil que llegue una especie de fuera y encuentre su hueco", explica Cabezas. Eso confirma la menor aportación de los trópicos al intercambio de plantas. Sin embargo, la pequeña excolonia española también sirve para mostrar los riesgos de la acción humana. Como dice este investigador, "el desarrollo brutal de infraestructuras como las carreteras están creando espacios, huecos, para las especies alóctonas".

Habrá quien piense que un 3,9% de especies exóticas no es para preocuparse. Que de las casi 340.000 variedades de plantas vasculares que hay en el planeta solo 13.168 hayan emigrado empujadas por el hombre, es una nimiedad. Pero eso son los valores absolutos. Hay territorios como Nueva Zelanda donde hay tantas especies locales como de fuera. Además, como dice el ecólogo de la Universidad de California Davis, Marcel Rejmánek, no relacionado con el estudio, la globalización, el cambio climático o el incremento del movimiento de personas y mercancías harán que "inevitablemente este número crezca y, a menos que se tomen medidas drásticas, no hay motivos para esperar un tope al número total de especies naturalizadas en el futuro".

Fuente: ElPais.es

La caza y la pesca convierten al ser humano en un superdepredador.

Un estudio demuestra que el humano tiene tasas de depredación hasta 10 veces superiores a las de los grandes carnívoros
La tecnología y conducta humana comprometen el futuro de la fauna del planeta
La sexta gran extinción está en marcha

Ni el tiburón blanco ni el león. El único superdepredador del planeta es el ser humano. Ahora que la caza y la pesca de subsistencia son residuales, un estudio muestra que el ser humano tiene tasas de depredación hasta 10 veces superiores a las de los grandes carnívoros. El trabajo, que cuantifica el carácter depredador humano, apuesta por un cambio radical en las prácticas de caza y pesca. Para la primera, exige aprender a convivir con los animales. Para la segunda, dejar de pescar a los peces adultos e ir a por los más pequeños.

Que los humanos son el mayor depredador del planeta lo dice la larga lista de las extinciones de animales a manos del hombre. Desde los mamuts y los tigres diente de sable hasta el armadillo gigante, pasando por la casi aniquilación del bisonte americano o la práctica desaparición de, al menos, dos especies de rinocerontes, en casi todos los casos los humanos fueron y son los agentes causales. En unas ocasiones la extinción sucede al grave deterioro del ecosistema donde vivía el animal, en otras es el propio avance humano el que se lleva por delante a toda una especie. Pero hoy, son las prácticas de caza y pesca humanas las que comprometen el futuro de los animales.

Un grupo de ecólogos canadienses ha querido desentrañar qué hace tan letal al ser humano y cuantificar su grado de depredación en comparación con los mayores depredadores del planeta, como los grandes felinos, los mamíferos marinos o los tiburones. Para ello, repasaron toda la bibliografía científica que encontraron con estudios y estadísticas oficiales sobre la caza y pesca humanas o las investigaciones con datos sobre sus rivales en la cúspide ecológica. En su trabajo, publicado en Science, incluyeron a casi 400 especies de depredadores, 282 marinas y 117 terrestres.

"Examinamos todos los datos disponibles sobre animales marinos y mamíferos terrestres de cada océano y cada continente a excepción de la Antártida. La mayoría de la información es de 1990 en adelante", decía en una teleconferencia el profesor de la cátedra Hakai-Raincoast de la Universidad de Victoria (Canadá), Chris Darimont. Según sus estimaciones, la pesca marina humana es el depredador dominante de las presas adultas, con una ratio de explotación mediana (valor medio o central) del 14% del total de biomasa de ejemplares adultos al año. Esa mediana no refleja los valores extremos, con casos de especies que llegan al 80%. "Esta ratio mediana es unas 14 veces la de cualquier otro depredador no humano del océano", añade Darimont. Ya sean orcas, tiburones o atunes.
En tierra, los datos, aunque menores, son igual de reveladores. Los humanos y resto de depredadores muestran una tasa de depredación similar: los primeros capturan hasta un 6% de herbívoros como ciervos, caribúes o alces mientras que los segundos rebajan el porcentaje hasta el 5% anual. Sin embargo, los humanos son el único depredador que convierte a los otros depredadores en presas. Combinando estos dos hechos, el ser humano tiene una ratio de depredación de animales terrestres nueve veces mayor que la del león o el tigre. Y eso que los investigadores retiraron de la ecuación al lobo, que supone un tercio del total de depredadores cazados por el hombre.

"En general, no nos comemos a los grandes carnívoros, así que se les mata como un trofeo, por razones de competencia, para reducir las pérdidas en el ganado, o por la medicina" (sic), comenta en un correo Darimont. Hace decenas de miles de años, los humanos, en un lento proceso, empezaron a dejar de ser presa de estos animales para convertirse en depredadores. Las distintas tecnologías para la caza, desde el arco hasta el rifle pasando por el uso del perro, y en el último siglo, el uso de combustibles fósiles, ha hecho que la caza no tenga apenas coste para los humanos cuando para los demás depredadores siempre existe el riesgo de salir mal herido.

Esa combinación de conducta y tecnologías humanas es, para los investigadores, la base del desajuste de muchos ecosistemas. Los otros depredadores eligen como presa a los ejemplares más jóvenes y débiles. La consecuencia a corto plazo es que no reducen la tasa reproductiva de los adultos y eliminan posibles focos de infección entre los rebaños. A largo plazo, como mecanismo de selección natural, favorecen la mejora genética de sus presas. Los humanos, en cambio, eligen las mejores piezas, adultos en su máximo esplendor, elegidos por tener la mejor cornamenta o la melena más grande. El impacto ecológico a corto es evidente, las consecuencias de esta selección artificial a largo aún están por estudiar.

Pezqueñines, sí gracias
El mismo análisis lo aplicaron a las especies marinas. El resultado es problemático porque no es lo mismo la caza, que en su mayoría es por el trofeo o la mal llamada medina tradicional, que la pesca moderna e industrial, de la que se alimentan milones de personas. También es paradójico, ya que supone contradecir el paradigma actual de la conservación marina ejemplificado en las campañas oficiales del pezqueñines, no gracias.
"El cambio evolutivo entre las presas de los humanos impulsado por apuntar a los adultos ha reducido el tamaño corporal , especialmente entre los peces. Esto es preocupante porque los peces más pequeños tienen menos descendencia y las poblaciones ya no SOPORTANlas capturas humanas como en el pasado", sostiene Darimont.

¿Significa eso que todo el modelo de sostenibilidad de la pesca basado en la captura de los adultos, no es tan sostenible? "Sí, de hecho, nosotros estamos sugiriendo que el paradigma central de la gestión de recursos pesqueros y vida silvestre ha de ser reconsiderado y ha de serlo porque, en especial en el entorno marino, cuando nos fijamos en las estrategias reproductivas conformadas por la evolución, estas se apoyan en un régimen depredador que se centra en los juveniles y mantiene niveles de explotación reducidos entre los adultos, lo que beneficia a estas poblaciones y, en última instancia, a los humanos", asegura el investigador canadiense.
Los investigadores creen que para volver a un equilibrio habría que actuar en varios frentes. En cuanto a los animales terrestres, solo un cambio en la conducta humana podría salvar a los grandes depredadores. "En algunos casos, para proteger a los grandes carnívoros amenazados por la caza de trofeos exigirá una presión social que impulse un cambio político. El rechazo moral expresado en todo el mundo por la muerte de Cecil, el león, nos señala que ese tiempo puede estar algo más cerca", dice Darimont.

En cuanto a la pesca, su colega y coautor del estudio, Thomas Reimchen. apunta que no se trata tanto de dejar de pescar a los adultos para enredar a las crías sino de adecuar la ratio de depredación humana a la natural. "Se trata de ir a unas tasas de extracción de juveniles similar a la de los otros depredadores que, en general son menores al 10%", apunta Reimchen. Eso supondría reducir drásticamente las capturas pesqueras. Además, tanto la captura como el procesado de los pequeños ejemplares es más costoso que los grandes.

Los investigadores reconocen que es un reto de tal magnitud que presenta grandes dificultades pero, añaden: "No es muy diferente de lo que cada vez con más frecuencia e intensidad se está hablando de cambiar nuestro modelo basado en la economía del carbono". Es el carácter de superdepredador, tanto en el uso de los combustibles fósiles como en el de la biodiversidad, el que ha llevado a los humanos y al planeta a la situación actual.

Fuente: ElPais.com

martes, 25 de agosto de 2015

Los grandes deltas del mundo sufrirán mayores inundaciones.

El delta del río Ganges, que muere en el Índico (color añil) es uno de los
 más amenzados por las inundaciones. / USGS EROS DATA CENTER
Un nuevo mapa mundial dibuja la situación actual y futura de las tierras bajas más afectadas por los eventos climáticos extremos y la subida del nivel del mar
La subida del nivel del mar se ha acelerado más de lo que se pensaba

Un nuevo mapa de riesgos de los grandes deltas del planeta dibuja la situación actual y futura de las tierras bajas, es decir, las zonas o regiones con poco relieve que habitualmente se encuentran a menos de 150 metros de altitud. En el futuro, habrá mayor riesgo de inundaciones azuzadas por la alteración del complejo sistema fluvial por parte de los humanos, eventos climáticos extremos y el aumento del nivel del mar. Esta vez, según este estudio, los países ricos no tendrán tan fácil escapar de las consecuencias del cambio climático con sus trucos de ingeniería.

A los humanos nos gusta vivir cerca del río. Más de la mitad de la población mundial se asienta a lo largo de alguno de ellos. La concentración es mayor en la desembocadura: unos 340 millones de personas viven en el delta de los mayores ríos del mundo. Otros 140 millones se encuentran en un radio de 25 kilómetros. Las razones son evidentes, tradicionalmente han sido zonas ricas en pesca y muy fértiles para la agricultura. Muchas civilizaciones, desde las mesopotámicas hasta la romana, pasando por las asiáticas, han nacido donde moría algún río.

"Los deltas son sistemas complejos. Dependen del suministro regular de sedimentos para balancear el hundimiento natural de la tierra", explica el investigador de la Universidad de la Ciudad de Nueva York, Zachary Tessler. Pero este proceso dinámico lleva tiempo siendo alterado por los humanos. "Las actividades humanas afectan a la integridad de los deltas reduciendo el aporte de sedimentos en el río desde la cabecera y también cómo se depositan en el delta", añade. Las presas río arriba, los diques y canales alteran la circulación del limo. "Además, la extracción de aguas subterráneas, petróleo o gas bajo el delta también pueden aumentar la ratio de hundimiento" concluye. ¿Resultado? Un mayor riesgo de sufrir inundaciones ya sean marinas o fluviales.


Tessler, junto a un grupo de colegas, ha elaborado el que podría ser el primer mapa de riesgos de los 48 mayores deltas del mundo. Usando datos geofísicos de cada delta, su exposición a eventos climáticos como maremotos o huracanes, el grado de desarrollo urbano, socioeconómico y de infraestructuras de protección de la zona y la cantidad de personas que viven en el delta, los investigadores han podido establecer un índice de exposición al riesgo de los habitantes de los deltas.
Los 10 deltas más expuestos, donde la catástrofe sería mayor, son todos asiáticos o africanos. Entre los cinco primeros se encuentran los grandes ríos que mueren en el golfo de Bengala, en la India y Bangladés, como el Krishna (el más expuesto), el Ganges o el Brahmani. Para encontrar un delta expuesto en los países más desarrollados hay que ir hasta el puesto 29, con el río Po, en el norte de Italia. El Ebro aparece en un meritorio 39 lugar en este índice que combina riesgos climáticos, grado de desarrollo e impacto en la población.
El mapa muestra los deltas estudiados y sus cuencas. Arriba, situación de riesgo actual medida
 por el color y población afectada (diámetro del círculo). Abajo, situación futura en un escenario de costes de infraestructuras elevados. / TESSLER ET AL/SCIENCE




"El Ebro se beneficia de acabar en el Mediterráneo, teniendo por tanto una puntuación relativamente baja en el índice de eventos peligrosos. Aunque se enfrenta con tormentas relativamente importantes asociadas a crecidas del río o grandes olas en la costa, no tiene que lidiar con ciclones tropicales o tormentas como las que suceden, por ejemplo en el delta del Misisipi. Por otro lado, el Ebro se beneficia de tener un gobierno eficaz y un elevado PIB per cápita en comparación con otros deltas. Dicho esto, río arriba, la cuenca esta poblada de presas que reducen la llegada de sedimentos al delta", comenta Tessler.
En los últimos lugares de la lista aparecen dos de los deltas más conocidos del mundo desarrollado, el del Misisipi, en EE UU, y el del Rin, que, tras atravesar toda Alemania muere en la costa de los Países Bajos. Ambos son el ejemplo del triunfo del hombre sobre la naturaleza. Como ocurre con el Ebro, el grado de desarrollo de estos países ha hecho que toda la ingeniería existente se haya puesto al servicio de su estabilidad.
Pero lo que muestra el estudio de Tessler y sus colegas, publicado en la revista Science, es que, en el futuro, ni los deltas de los países ricos estarán a salvo. Introduciendo en su mapa nuevos elementos, como la progresiva elevación del nivel del mar y la proliferación de eventos climáticos extremos, ambos relacionados con el cambio climático, el mapa mundial de los deltas cambia de forma sustancial.
Los deltas de los ríos del golfo de Bengala seguirán siendo los más expuestos, pero los gigantes que mueren en el Mar de China, como el Yangtsé, y el Mekong, en el sudeste asiático, entran entre los 10 más expuestos. Lo más llamativo, sin embargo, es que grandes deltas occidentales, como los del Rin, el Misisipi o el Ródano multiplicarán hasta por cinco veces su índice de riesgo. Y es que, a pesar de su capacidad económica, las inversiones para la protección de estos estuarios crecerían de forma exponencial. Para Tessler, se hace necesario buscar sistemas sostenibles inspirados en la naturaleza si se quiere asegurar los deltas en el futuro.
El milagro holandés se agota
"Las sociedades humanas necesitan buscar técnicas innovadoras para sostener los deltas. Una manera de hacerlo sería con la ingeniería basada en la naturaleza", sostiene el profesor de la Universidad de Amberes, Stijn Temmerman. "No tenemos mucha experiencia con estos sistemas, pero se está ejecutando algunos grandes proyectos en algunos deltas y aún necesitamos más investigación sobre estos proyectos basados en la naturaleza", añade este investigador, ajeno al estudio de Tessler.
Temmerman conoce bien el caso del delta del Rin y, en general, el de los Países Bajos y su eterna pelea con el mar. Después de siglos de arrebatarle tierra al océano, unos nueve millones de personas viven allí por debajo del nivel del mar. Sin embargo, la creciente necesidad de nuevas inversiones para ampliar la infraestructura de diques, muros y canales está empezando a agrietarse.
El satélite Landsat muestra el avance del mar en el delta del Misisipi entre 1973 y 2014.
 /ZACHARY TESSLER, CON DATOS DEL USGS/NASA LANDSAT PROGRAM

"El modelo holandés, ganar tierra al mar levantando diques y presas, ha sido relativamente exitoso en los pasados siglos, cuando el cambio climático y la elevación del nivel del mar eran mínimos, pero está bajo una creciente presión debido a la aceleración del ritmo de elevación del mar por el cambio climático, la alteración humana del proceso natural del delta y los crecientes costes para mantener las estructuras artificiales contra las inundaciones", explica Temmerman.
Para el investigador belga, como para Tessler, solo hay una alternativa y es volver a la naturaleza: "lo que significa conservar y restaurar los humedales todo lo que se pueda, ya que estos absorben las acometidas del agua, reduciendo el riesgo de inundaciones en las zonas pobladas del delta. Son además más sostenibles, al acumular tierra con la elevación del mar y más eficientes desde el punto de vista de los costes".

Fuente: ElPais.com


domingo, 2 de agosto de 2015

La NASA publica la imagen más completa de la Tierra.

El satélite fue lanzado el pasado mes de febrero y hace unos días alcanzó su órbita

Para lograr esta imagen, se tuvieron que integrar tres fotografías distintas.


Una cámara del satélite Observatorio Climático del Espacio Profundo (DSCOVR) ha captado por primera vez la imagen de un lado completamente iluminado de nuestro planeta, tomada a 1.5 millones de kilómetros de distancia.

Dicha fotografía ha sido capturada por la herramienta EPIC (Cámara de Imagen Policromática de la Tierra) que permite la captación de imágenes en diez bandas distintas para estudiar los fenómenos terrestres. Para lograr esta imagen, se tuvieron que integrar tres fotografías distintas.

"Los beneficios que se pueden obtener de esta primera imagen de nuestro planeta demuestra lo importante que es la observación desde el espacio", afirmó uno de los responsables de la administración espacial, Charlie Bolden. Asimismo, el ex astronauta señala que "quiere que todo el mundo tenga la posibilidad, como él, de apreciar y disfrutar la Tierra como un sistema interactivo e integrado".

Estas vistas de la Tierra así como sus medidas y alertas de los fenómenos meteorológicos causados por el sol, ayudarán a toda persona a controlar los continuos cambios que se producen en la Tierra y entender cómo nuestro planeta encaja en el sistema solar.

Estas primeras imágenes muestran los efectos de la luz solar dispersadas por las moléculas de aire, dando a la imagen un tinte azulado característico.

Creado a propuesta del vicepresidente de Estados Unidos Al Gore, se le conoce informalmente como el 'GoreSat' y anteriormente como 'Triana', en homenaje a Rodrigo de Triana, primer avistador de América en la tripulación de Cristóbal Colón. El Observatorio Climático del Espacio Profundo fue lanzado el pasado mes de febrero y hasta hace solo unos días no había alcanzado su órbita de trabajo.

Fuente: ElMundo.es