miércoles, 25 de marzo de 2015

El calentamiento global hace que nieve más en la Antártida.

El aumento de la humedad provoca mayores nevadas en el Polo Sur pero acelera el deshielo y la elevación del nivel del mar, según un estudio
El hielo de Groenlandia se desvanece

A mayor temperatura, más nieve en la Antártida. Esa es una de las paradojas del calentamiento global. Según un estudio, hay una segunda paradoja relacionada: la cantidad extra de hielo acelera el deshielo del casquete antártico, lo que eleva el nivel del mar. Así de complejo y delicado es el equilibrio que está alterando el cambio climático.
Con todo el hielo que acumula, la Antártida es el continente más seco del planeta. De una extensión casi 28 veces mayor que la de España, allí solo nieva en las zonas costeras. En las elevadas mesetas del interior, el frío es tal que congela hasta la humedad impidiendo las precipitaciones. Sin embargo, el calentamiento global estaría llevando la nieve cada vez más adentro del casquete polar. La alteración del tradicional equilibrio de una masa de hielo tan gigantesca podría afectar a todo el planeta.

Climatólogos europeos y estadounidenses han buceado en la historia climática de la Antártida escrita en el hielo. Aunque hay datos de temperatura y precipitaciones del último siglo, las variaciones interanuales hacen muy complicado hacer proyecciones sobre el futuro antártico solo con información del presente. Por eso, los científicos se fueron 20.000 años atrás, cuando empezaba el fin de la última gran glaciación. Tal y como explican en Nature Climate Change, durante los siguientes milenios, los hielos se fueron retirando de grandes zonas del planeta, hecho que, entre otras cosas, ayudó a la expansión de los humanos gracias a un clima global más benigno.

Los investigadores analizaron la información de seis bloques de hielo extraídos de otros tantos puntos de la Antártida. Tres proceden del interior de la gran meseta antártica, otros dos de zonas costeras y un sexto de la Antártida Occidental. Comprobaron que hay una relación entre el calentamiento producido tras la glaciación y el aumento de la acumulación de nieve. Sobre esa información, corrieron varios modelos climáticos para hacer previsiones que se pudieran aplicar a todo el casquete polar y su evolución futura.
"Por cada grado de calentamiento regional, la nieve caída aumenta en un 5%", dice la investigadora del Instituto para la Investigación del Impacto Climático de Postdam (Alemania) y principal autora del estudio, Katja Frieler. La lógica de este incremento de las nevadas es simple: la elevación de las temperaturas hace que se evapore más agua de los océanos que rodean la Antártida y el extra de humedad provoca más precipitaciones cuando la circulación atmosférica lleva ese aire cálido y húmedo hacia el interior del casquete.

Aunque las precipitaciones serán más copiosas y frecuentes en las zonas costeras, los modelos muestran que, en términos relativos, el aumento será mayor en el interior antártico. En la enorme meseta, la nieve caída no supera hoy la media anual de 50 milímetros al año. En principio, esta aparente paradoja de un calentamiento que genera más nevadas, ayudaría a contrarrestar uno de los fenómenos que más preocupan a los científicos: el aumento del nivel del mar por el deshielo.

En la otra punta del planeta, en el Ártico, todo parece más sencillo. El cambio climático está provocando un acelerado deshielo de las zonas árticas, Groenlandia incluida. Eso acabará por elevar el nivel del mar en todo el planeta. En principio, la mayor acumulación de nieve en la Antártida podría compensar al menos en parte este peligro, al retirar de los océanos el agua deshelada en el norte. Sin embargo, la cosa no es tan sencilla. Aquí está la segunda paradoja: más hielo puede suponer mayor deshielo.

Aunque el objetivo del estudio era estudiar cuánta nieve podría ganar la masa antártica por el calentamiento, Frieler explica su particular dinámica. "El deshielo provocado por un aire más cálido es allí un problema menor. Hace mucho más frío que en Groenlandia e incluso en el escenario de un calentamiento debido a las emisiones de efecto invernadero, se calcula que la aportación del deshielo superficial a la pérdida global de hielo de la Antártida será pequeña al menos hasta final de siglo". Pero añade: "un mayor problema es el llamado deshielo basal por la acción del océano sobre la línea de tierra, la transición entre el hielo terrestre y el hielo flotante, que es el mayor vector de la dinámica de descarga de hielo antártico en el mar".
Es una simple cuestión de física. El hielo no es tan estático como aparenta. Como el agua, discurre desde las zonas elevadas a las más bajas por medio de los glaciares. Estos ríos helados llevarían el excedente provocado por las nevadas hasta la costa y allí, el mar, más cálido, hará el resto del trabajo.

"La acumulación de nieve sobre el hielo pesa y empuja, cuanto más alto esté el hielo, mayor presión", explica la investigadora del Instituto de Física de la Universidad de Postdam y coautora del estudio, Ricarda Winnkelman. "Como las nevadas adicionales elevan la capa de hielo de la zona terrestre del continente antártico pero menos en la capa helada flotante, el hielo fluye más rápidamente hacia el océano, contribuyendo a la subida del nivel del mar", añade.

De hecho, en otra investigación realizada por investigadores del Imperial College de Londres y publicada también esta semana, se mostraba como el glaciar Totten, uno de los mayores de la Antártida, está acelerando su velocidad por el deshielo en la cabecera.

Los investigadores estiman que, por sí solo, el Totten podría elevar el nivel del mar hasta 3,5 metros. "La elevación podría tardar varios siglos en completarse pero el proceso ya ha comenzado y probablemente sea irreversible", sostenía en una nota el director del Instituto Grantham del Imperial College y coautor del trabajo, Martin Siegert. El caso del Totten es similar al de otros glaciares, como se ha comprobado ya en Groenlandia. El agua del mar los va socavando por abajo, acelerando la descarga del hielo.

Así que la doble paradoja no es tal para la ciencia. El calentamiento puede provocar mayores nevadas y estas impulsar la llegada del hielo hasta el mar donde el deshielo se aceleraría. Según estimaciones de los investigadores del instituto de Postdam, hagan lo que hagan los humanos para frenar el cambio climático, el nivel del mar se elevará hasta 23 centímetros en este siglo y eso en el escenario más optimista. En la Antártida hay hielo como para que los océanos se eleven varias decenas de metros, como ya ocurrió en el Plioceno, hace unos tres millones de años. Con esa altura, se inundarían todas las zonas costeras del planeta.

Fuente: ElPais.com

Los corales narran la historia del cambio climático.

Científicos británicos elaboran una historia del océano Atlántico con el estudio de los corales marinos para rastrear la huella de los cambios climáticos sobre la Tierra
El calor ‘desaparecido’ del cambio climático se esconde a 300 metros bajo el Atlántico

El futuro de la investigación sobre el cambio climático podría estar entre Tenerife y Puerto España, en Trinidad y Tobago, las dos orillas del Atlántico. Un proyecto científico financiado por la Unión Europa investiga desde hace cuatro años los corales y los sedimentos de los fondos marinos oceánicos a lo largo de los miles de kilómetros que separan una y otra ciudad. En ellos podría estar la huella de cambios climáticos pasados y la clave de los futuros. “Datando los corales, observamos que su surgimiento va y viene a lo largo del tiempo y nuestra hipótesis es que esto está relacionado con períodos de cambio climático”, indica la responsable de la investigación, Laura Robinson, de la Universidad de Bristol.

En el pasado ha habido períodos en los que el clima global ha cambiado rápida y bruscamente, y no solo por la actividad del Sol o la fusión del hielo, sino también por la toma o liberación de CO2 por parte de los océanos. “Así pues”, explica Robinson, “reconstruyendo los registros climáticos del pasado estableceremos cuándo y por qué se produjeron esos cambios climáticos y con qué consecuencias, lo que nos dará información para establecer modelos con los que hacer proyecciones del cambio climático en el futuro”.

En los océanos hay actualmente más CO2 que en la atmósfera, unas 60 veces más. Los océanos son un sumidero esencial del llamado carbono antropogénico, es decir, el CO2 generado por la actividad humana. Uno de los riesgos que los científicos están analizando de cara al futuro es la posibilidad de que el océano invierta su papel y pase de atrapar CO2 a liberarlo, lo que podría causar una catástrofe ambiental a nivel mundial.
“Por ese motivo, comprender cómo funcionan los océanos es esencial porque pequeños cambios en ellos pueden tener un efecto muy profundo en la atmósfera”, explica Robinson.

Uno de los puntos centrales de investigaciones como esta reside, precisamente, en la toma del carbón antropogénico por parte de los océanos, un proceso que está haciendo decrecer el PH de los mismos, es decir, los está volviendo más ácidos, lo que es devastador para la biodiversidad de sus ecosistemas. “Tenemos que tratar de evaluar cuánto CO2 exactamente están tomando, si el ratio está cambiando o, de lo contrario, si cambiará y si podremos prever cuándo será ese cambio”, puntualiza Robinson.

Uno de esos períodos en los que se produjo un cambio climático brusco y rápido fue en la transición entre la última glaciación, hace unos 20.000 años, al más cálido período del Holoceno, que comenzó hace 10.000 años.
“Durante ese tiempo”, detalla Robinson, “el clima no cambió hacia un calentamiento estable y suave. Los registros climáticos muestran que, al contrario, los cambios sucedieron en saltos bruscos en una escala de décadas y no estaban sincronizados entre el hemisferio norte y sur”.
Datando los corales, datando el clima

Para reconstruir el pasado climático de la Tierra, el equipo liderado por Robinson analiza miles de muestras de corales y de sedimentos marinos recogidos del fondo del océano Atlántico durante la expedición científica de 48 días realizada entre octubre y noviembre de 2013 a bordo del buque James Cook, un nombre que no es fortuito: en junio de 1770, el explorador británico de dicho nombre se convirtió en el primer europeo en navegar sobre la Gran Barrera de Coral de Australia, el mayor arrecife de corales del mundo. Más de dos siglos después, otros corales, los del Atlántico, pueden ofrecer la clave para comprender el futuro del cambio climático.
“Uno de nuestros mayores logros hasta ahora ha sido establecer la edad de dichos fósiles corales”, comenta Robinson. Una vez datados, el equipo de Robinson se centra ahora en investigar por qué esos cambios han podido ocurrir, para lo que están comparando la edad y la profundidad de las muestras recogidas con la ubicación de poblaciones modernas de corales.
El equipo ha hallado patrones distintos de crecimiento y muerte de corales diferentes a uno y otro lado del Atlántico. Este proyecto ha recabado también 50 terabytes de grabaciones en alta definición que el grupo va a analizar para “establecer también controles medioambientales de ecosistemas modernos de aguas profundas”, comenta Robinson. 

Fuente: ElPais.com

miércoles, 11 de febrero de 2015

El hombre ya contaminaba antes de la Revolución Industrial.

La actividad minera impulsada por los conquistadores españoles en América del Sur generó polución desde el s. XVI, según muestran partículas halladas en un glaciar peruano

Durante más de cuatro siglos la nieve y el hielo han conservado las pruebas que demuestran que el impacto causado por el hombre en la atmósfera era ya anterior al inicio de la Revolución Industrial, a mediados del siglo XIX. Se trata de minúsculas partículas contaminantes procedentes de las minas de plata de Bolivia, cuya explotación intensiva impulsaron los conquistadores españoles desde el siglo XVI.

Un equipo de científicos de la Universidad de Ohio (EEUU) las encontraron en 2003 en el glaciar Quelccaya, al sureste de Perú. Ahora, publican los resultados de su análisis en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS).

Según aseguran, constituyen las pruebas más antiguas de contaminación atmosférica en América del Sur, pues en otros lugares de la Tierra se han hallado restos de contaminación anteriores. Por ejemplo, en Groenlandia se descubrieron trazas de contaminación del siglo V a.C que, según se cree, fueron generadas por las actividades que llevaban a cabo las antiguas civilizaciones griega y romana y transportadas por el aire.

Partículas transportadas por el viento
Las partículas halladas en el glaciar peruano también viajaron cientos de kilómetros (unos 800 km) pues, según exponen los investigadores en su estudio, lo más probable es que fueran generadas en la mina de Potosí (en la actualidad es Bolivia), donde los conquistadores españoles obtenían la mayor parte de la plata. Desde allí, habrían sido trasladadas por el viento hasta el glaciar de Perú.

Aunque la mayor parte de la polución generada en esa época tenía su origen en Potosí, donde se encontraba la mina de plata más grande del mundo desde el siglo XVI al s.XVIII, había más minas en uso que también contribuyeron a contaminar la atmósfera durante más de 200 años.

Según recuerdan los científicos, en el siglo XVI, el imperio español obligó a las incas a trabajar en las minas de plata de Potosí. Aunque este avanzado pueblo ya sabía cómo llevar a cabo el refinado de la plata (para separarla de las impurezas), los españoles introdujeron una nueva tecnología para incrementar la producción.

Así, por primera vez, se generaron en la cordillera de los Andes espesas nubes de polvo que contenían plomo. Estas partículas fueron trasladadas por el viento hasta el glaciar Quelccaya, donde quedaron sepultadas por la nieve durante siglos.

Los científicos compararon el tipo de partículas de Quelccaya con las encontradas en Tierra de Fuego (Chile) y en depósitos de distintas regiones de América del Sur: Potosí y otras zonas de Bolivia, y Perú.

Al extraer muestras del hielo de este glaciar, los científicos encontraron una capa que contenía estas finas partículas, cuya datación coincide con ese periodo histórico. Su análisis reveló que contenía trazas de polvo y lleva la firma química de las minas de plata de Potosí, según sostienen.

Para Paolo Gabrielli, autor del estudio, este hallazgo "respalda la idea de que el impacto humano en el medio ambiente estaba ya ampliamente extendido incluso antes de la Revolución Industrial", pues fueron generadas unos 240 años antes de su inicio. El glaciar Quelccaya, no obstante, es uno de los pocos lugares de la Tierra en los que ha sido posible estudiarlo.

Esta masa helada de Perú es considerada por Lonnie Thompson, que también participa en este trabajo, como una piedra de Rosettta para el clima, pues de ella han podido obtener muestras del hielo que se ido formando durante los últimos 1.200 años en los Andes. Los científicos analizan la composición química de las distintas capas para intentar averiguar los cambios climáticos que han ido sucediéndose.

La obtención de plata
Para hacer su análisis, utilizaron un espectrómetro de masa y estudiaron la concentración de polvo contaminante depositado entre los años 793 y 1989 . Buscaron restos de antimonio, bismuto, molibdeno y sobre todo plomo, ya que la técnica introducida en América del Sur por los españoles para refinar la plata consistía en triturar la mena de plata (que contiene plomo) para convertirla en polvo. La plata molida se mezclaba entones con mercurio y se dejaba reposar durante semanas. Posteriormente, esa amalgama se lavaba y se fundía para obtener plata más pura. Ese proceso se llamaba amalgamación.

En las capas de hielo con una datación anterior al año 1450 la cantidad de partículas contaminantes era baja y estable. El espectrómetro usado para este estudio detectó picos en la concentración de esos elementos en las muestras de hielo, también durante los años anteriores a la llegada de los españoles. Sin embargo, creen que esas capas probablemente procedían de fuentes naturales de contaminación, como erupciones volcánicas. Un poco antes del año 1600, se empezaron a acumular en el glaciar Quelccaya cantidades mucho mayores de esos elementos, que persistieron hasta principios del siglo XIX, cuando los países de América del Sur se independizaron.

Las partículas contaminantes, explican los investigadores, no eran visibles al ojo humano (la muestra de la que las extrajeron tenía la apariencia del hielo limpio) y sólo pudieron ser detectadas gracias al análisis espectroscópico. El hecho de haberlas encontrado en una zona tan remota como este glaciar peruano y alejada de la mina de Potosí, añaden, sugiere que la cantidad de contaminación generada por la minería y la metalurgia debía ser significativa. En cualquier caso, son cantidades muy inferiores a las que se han registrado durante el siglo XX.

Fuente: ElMundo.es

lunes, 19 de enero de 2015

Ya es oficial: 2014 ha sido el año más cálido desde 1880

Ya es oficial: 2014 ha sido el año más cálido desde 1880, cuando empezaron a tomarse registros de las temperaturas. Así lo han confirmado este viernes científicos de dos organismos de EEUU: la NASA y el Instituto Nacional para el Océano y la Atmósfera (NOAA, por sus siglas en inglés).

Una vez analizados los datos de diciembre, se ha confirmado que 2014 encabeza la lista de los años más cálidos, un dato que no ha sorprendido debido a que los registros que se habían recabado durante los primeros 11 meses del año apuntaban ya a que sería el más caluroso.

Según ha destacado el Instituto de Estudios Espaciales Goddard de la NASA (GISS), con la excepción de 1998, los diez años más cálidos durante el periodo 1880-2014 se han registrado desde el año 2000.

Los tres años más calurosos serían 2014, 2010 y 2005, en ese orden.

Desde 1880, afirma la agencia espacial de EEUU, la temperatura media de la superficie terrestre ha aumentado aproximadamente 0,8º C, una tendencia que, argumentan los científicos de la NASA, "es en gran medida derivada del incremento del dióxido de carbono y otras emisiones a la atmósfera causadas por la actividad humana". Así, subrayan que "la mayor parte del calentamiento se ha producido en las últimas tres décadas".

La temperatura global terrestre en 2014 fue 0,68ºC más cálida que durante el periodo 1951-1980. En 2010, el segundo año más caluroso, fue 0,66ºC más cálida mientras que en 2005 la diferencia fue de 0,65º C.

Desde 1976, todos los años, incluido 2014, han tenido una temperatura media global más cálida que la media a largo plazo. A lo largo de estos 37 años, las temperaturas han aumentado a una media de 0,28ºC por década en la superficie terrestre, y 0,11ºC en el mar, detalla la NOAA en su página web.

La NOAA también subraya que el aumento de la temperatura global media por década durante la segunda mitad del siglo pasado (0,13ºC) fue casi el doble que 1900 a 1950 (0,07ºC). La previsión de los científicos para los próximos 20 años es que la temperatura global se incremente 0,2°C por década.

La recogida de datos

Según la NASA y la NOAA de EEUU
Los 10 más cálidos durante el periodo 1880-2014, con la excepción de 1998, se han registrado desde 2000

Después de 2014, los más calurosos fueron 2010 y 2005
Los datos recabados por la NASA a través de su programa de observación terrestre, que comprende la recogida de información desde tierra, mar y aire, pueden consultarse aquí. La información que analizan los científicos del GISS procede de las mediciones tomadas por satélites desde el espacio, por una red de 6.300 estaciones meteorológicas, barcos que registran la temperatura del océano y estaciones en la Antártida.

"Éste ha sido el último de una serie de años cálidos a lo largo de una serie de décadas cálidas. Mientras que el ranking de años individuales puede verse afectado por patrones meteorológicos caóticos, las tendencias a largo plazo son atribuibles a los causantes del cambio climático", sostiene el director del GISS, Gavin Schmidt, que menciona las "emisiones humanas de gases de efecto invernadero" como el principal factor.

En EEUU, destaca la NASA, ha habido grandes variaciones según las regiones. Por ejemplo, zonas de la costa Este y del Medio Oeste fueron inusualmente frías, mientras que Alaska, Carizona, Arizona y Nevada sufrieron altas temperaturas.

Por lo que respecta a la previsión para 2015, los científicos afirman que esperan ver fluctuaciones en la media global de temperaturas anuales causadas por fenómenos como El Niño o La Niña. Estos fenómenos meteorológicos, que cambian los patrones de movimiento de las corrientes marinas, calientan (en el caso de El Niño) o enfrían (si es La Niña) el Pacífico tropical y se cree que han influido en el calentamiento a largo plazo durante los últimos 15 años. 2014, sin embargo, no se ha visto influenciado por El Niño, aseguran.

Fuente: ElMundo.es

martes, 6 de enero de 2015

El lugar más frío del planeta: -93ºC en el corazón de la Antártida.

Un equipo de científicos ha precisado el lugar más frío del planeta: -93 ºC grados bajo cero (136 ºF) registrados en la Antártida en agosto de 2010. El nuevo récord se ha establecido tras tras analizar las temperaturas de la superficie global registradas durante 32 años por los satélites.

Los autores de la investigación descubrieron que las latitudes más altas de la Meseta del este Antártico contenía bolsas de aire atrapado con una temperaturas que descendían hasta los -93 ºC el 10 de agosto de 2010. Los resultados del estudio se acaban de presentar en la reunión de la Unión Américana Geofísica que se ha celebrado en San Francisco (EEUU).

El anterior récord de temperaturas mínimas se había establecido en 1983, cuando se registraron -89,2 ºC (128,6 ºF) en el este antártico, comprobadas por investigadores de la Estación Rusa de Investigación Vostok, según explicó Ted Scambos, el director del Centro de Nieve Nacional e Información del Hielo en Boulder (Colorado, EEUU).

"Teníamos la sospecha de que esta elevación de la Antártida sería extremadamente fría con toda probabilidad, y más que Vostok, porque es una zona más alta", afirmó Scambos.

El estudio surgio de una investigación sobre las dunas de nieve en la Antártida. Los científicos detectaron la presencia de grietas en la nieve y se preguntaron si la capa más alta se estaba encogiendo. Esto les llevó a buscar datos de temperaturas.

Las temperaturas extremadamente bajas se deben al aire atrapado durante un tiempo. Si el cielo está claro durante unos días, el suelo irradia calor al espacio, creando una capa de aire ultra frío por encima de la nieve. "Al atrapar el aire durante periodos largos de tiempo, al mismo tiempo que se irradia más y más calor al espacio, se generan las temperaturas más bajas que hemos sido capaces de encontrar", explica Scambos.

Fuente: ElMundo.es