martes, 3 de junio de 2014

La tragedia de la basura electrónica.


El 75% de los residuos electrónicos no llega a las plantas de reciclaje.
Un hombre pasea por un vertedero de residuos electrónicos en un suburbio de Acra, la capital de Ghana. Camina pisando pantallas rotas, carcasas de ordenadores y teclados. Pero va buscando algo concreto, pistas que poder seguir en su investigación. Mike Anane es un periodista ambiental local. De pronto, ve una inscripción sobre una carcasa rota: Leeds City Council. Tiene lo que buscaba. ¿Cómo ha terminado un ordenador achatarrado perteneciente a un ayuntamiento de Reino Unido en un vertedero de Ghana si la exportación de residuos electrónicos está prohibida en la Unión Europea? Habrá que preguntárselo al propio ayuntamiento de Leeds.

El inicio del nuevo documental de la realizadora alemana residente en España Cosima Dannoritzer (Dortmund, 1965), La tragedia electrónica -producido por Mediapro en colaboración con varias televisiones públicas como TVE, Arte France o Al Jazeera-, refleja con un ejemplo sencillo una realidad que las sociedades de los países industrializados parecen haber interiorizado y ven como una normal sucesión de acontecimientos, a pesar de estar prohibida desde 1992 por la Convención de Basilea. Todos los países del mundo han ratificado este acuerdo, excepto en Estados Unidos y Haití.

Cada año, los países desarrollados producen hasta 50 millones de toneladas de residuos electrónicos como ordenadores, televisores, teléfonos móviles, electrodomésticos... Y, según el documental de investigación, el 75% de todos ellos desaparece del circuito oficial y una buena parte se exporta ilegalmente a África, China o India. Los datos oficiales de la Unión Europea señalan que dos terceras partes -el 66%- de los residuos electrónicos del continente no se reciclan adecuadamente en plantas homologadas. «Se calcula que el tráfico de residuos electrónicos mueve ya más dinero que el negocio de la droga», narra Dannoritzer en el documental.

País por país, cada caso es diferente. Según las investigaciones que refleja el documental, en España el problema parece estar más en la negligencia y el tratamiento inapropiado en chatarrerías. Belén Ramos, de la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU), colocó con su equipo 16 rastreadores por satélite en residuos electrónicos que depositó en distintos puntos de toda España para comprobar si llegaban a plantas de reciclaje. De los 16 aparatos, sólo cuatro llegaron a plantas de reciclaje homologadas. El resto, un 75%, se eliminó ilegalmente. «Hay tanta gente interfiriendo en el sistema legal de reciclado, que será un milagro que alguno, por lo menos en España, llegue a una planta oficial», dice Ramos en el largometraje.

Pero, como pudo comprobar Mike Anane por sí mismo, en otros lugares se viola con asiduidad la prohibición de la Convención de Basilea de exportar a terceros países los desechos peligrosos. El 100% de la basura electrónica que se genera en Europa cuando los aparatos se estropean o quedan obsoletos debería gestionarse de forma controlada y con garantías sanitarias y ambientales dentro de las fronteras de la Unión Europea.

Sin embargo, alrededor del 10% de los 1,4 millones de toneladas de residuos electrónicos que produce Reino Unido se exporta ilegalmente, es decir, entre 100.000 y 140.000 toneladas de basura, en algunos casos, peligrosa. Y desde Alemania, cada semana parten hasta 100 contenedores con este tipo de residuos con destino a Ghana.

Los residuos electrónicos contienen, entre otros materiales, metales preciosos como oro y plata y también cobre, plomo y tierras raras como el lantano, el terbio o el neodimio, muy cotizados por la industria electrónica. Según refleja el documental, Europa gasta en la actualidad 130.000 millones de euros al año en importar metales estratégicos y parte de esa demanda se podría cubrir a través del reciclado de estos desechos.

Y, aunque sin garantías de salubridad ni de seguridad laboral ni ambiental, eso es lo que se hace en los países de destino de los residuos provenientes de Europa o de EEUU. De 50.000 teléfonos móviles se pueden extraer hasta un kilogramo de oro y 10 kilos de plata, valorados en más de 40.000 euros. Y la UE sólo recicla el 1% de los móviles que quedan en desuso.

En Estados Unidos no está prohibida la exportación de estos residuos y, según Joan Úbeda, productor ejecutivo del documental, el 60% de los que salen del país van a parar a China. Hasta el puerto de Hong Kong llegan cada día 63.000 contenedores, por lo que es imposible controlar al 100% la entrada ilegal de materiales. Se calcula que hasta 100 de ellos contienen residuos electrónicos. El equipo de rodaje tuvo que contar con personal chino para poder adentrarse en Guiyu, el mayor basurero electrónico del mundo. Y las prácticas de extracción de materiales que refleja el documental con toda crudeza dejan el corazón helado. No hace falta ser un experto ambientalista para comprobar la aberración que supone para el entorno y para la salud de los trabajadores. «Pero el coste de la obtención de materiales valiosos en Guiyu es una décima parte que lo que costaría en Europa o en EEUU», dice Úbeda.

«A China no pudimos viajar nosotros porque tienen mucha vigilancia y no nos dejarían grabar», aseguró ayer a EL MUNDO Cosima Dannoritzer, tras la presentación del largometraje en Madrid. «Pero de Ghana volvimos con problemas en la piel por el humo de los materiales que queman, imagina lo que debe ser respirar ese aire cada día... Los niños que se crían allí tienen muchísimos problemas de salud».

Fuente: ElMundo.es

martes, 13 de mayo de 2014

El deshielo irreversible de la Antártida.

La contracción de los glaciares en la Antártida occidental ha cruzado un umbral y es ahora "irreversible" e "imparable", según afirmaron el lunes 12 de mayo científicos que han estudiado los datos recogidos durante cuatro décadas por la NASA.

"Este estudio muestra que hemos cruzado un umbral crítico", afirmó Tom Wagner, científico del programa de criósfera en la agencia espacial estadounidense, y añadió que "no se sustenta en simulacros de computadora o modelos numéricos".

"Esto se apoya en la interpretación empírica de más de cuarenta años de observaciones desde satélites de la NASA", agregó.

Eric Rignot, profesor de Ciencias del Sistema de la Tierra de la Universidad de California y glaciólogo de la NASA, sostuvo que "la observación deja en evidencia un gran sector de retirada irreversible de los glaciares".

"Hemos pasado ya el punto sin retorno y esto tendrá consecuencias mayores para los niveles de los mares en todo el mundo", dijo Rignot, quien agregó que este proceso "podría triplicar su contribución al nivel de los océanos".

Ya desde la década de 1970, los científicos que estudiaban los glaciares señalaron como amenazada la región de la Antártida sobre el mar de Admunsen, donde se encuentran seis glaciares gigantes: Pine Island, Thwaites, Haynes, Pople, Smith y Kohler.

Todos ellos bajan de las montañas hasta el mar y los científicos explicaron que la línea de asentamiento, el área donde la base del glaciar toca el suelo submarino, ha estado retrocediendo de manera rápida en las últimas décadas.

A medida que el agua más templada se desliza debajo del manto flotante de hielo, erosiona la base del glaciar y la línea de asentamiento "ha estado retrocediendo a una velocidad que no se ve en ninguna otra parte de la Antártida".

Derretirse hasta desaparecer

"El hielo que se descarga en el océano ha estado incrementándose continuamente durante más de cuarenta años", añadió Rignot, quien calculó la contracción en el caso del glaciar Smith en unos 35 kilómetros, a razón de 2 kilómetros por año.

"Estos glaciares continuarán derritiéndose hasta que desaparezcan y el hecho de que los glaciares reaccionan casi simultáneamente indica una causa común", que es el "aumento de las temperaturas en el océano", aseguró.

Sridhar Anandakrishnan, profesor de geociencias en la Universidad estatal de Pensilvania, dijo en la misma teleconferencia que "el cambio que está ocurriendo es enorme".

"Es bien claro que el derretimiento del manto de hielo tendrá un papel creciente en el aumento de los niveles del mar", dijo. "La situación en la Antártida occidental -agregó- es particularmente mala, con una retirada acelerada de la línea de asentamiento"

Fuente: ElMundo.es

domingo, 11 de mayo de 2014

Así se desvanece el Ártico.

El Noorderlicht (Aurora Boreal, en holandés) es un elegante velero de dos mástiles que navega en verano por la impresionante costa del archipiélago de Svalbard, en el Ártico noruego. Para el invierno, sus propietarios le encontraron un uso encantador. En febrero lo llevan hasta un fiordo cercano a Longyearbyen, el principal núcleo habitado de Svalbard, y dejan que lo atrape el hielo. Se convierte así en un diminuto hotel congelado en medio de la nada, al que se llega tras una excursión en trineo de perros o moto de nieve. Pero este invierno en los fiordos del oeste de Svalbard hay agua dónde debería haber hielo y el Noorderlicht ha tenido que quedarse amarrado en el muelle de Longyearbyen.
Es solo una pequeña anécdota de un pequeño rincón del Ártico, aunque ilustrativa de cómo está transformando el cambio climático esta región del planeta. Aquí, el aumento de las temperaturas ha sido espectacular: desde 1951, la región se ha calentado casi el doble de la media global. La reducción del efecto albedo está retroalimentando el calentamiento, pues al derretirse el hielo queda expuesta a los rayos del sol la superficie oscura del agua, que absorbe mucho más calor.

El deshielo ha superado los peores pronósticos. Desde los años 70, la extensión del hielo marino en verano se ha desvanecido a un ritmo del 13% por década. En septiembre de 2012, la superficie cubierta de hielo se quedó en 3,6 millones de kilómetros cuadrados, un 52% menos que la media del periodo entre 1979 y el 2000. La superficie aumentó el año pasado, pero aún así era muy baja: los siete menores registros de la extensión del hielo marino en verano, desde que tenemos datos de satélite, han sucedido en los últimos siete años. En algún verano próximo, seguramente antes de mediados de siglo, se podrá llegar navegando por aguas abiertas hasta el Polo Norte.
Sin embargo lo más preocupante no es lo que se ve desde arriba, sino lo que está pasando por debajo. El volumen del hielo se está reduciendo tan rápido como la extensión. El principal motivo es que el hielo viejo, el que es mucho más grueso -hasta cuatro metros de espesor- porque ha sobrevivido a varias temporadas de deshielo, prácticamente ha desaparecido del Ártico en las últimas décadas. En marzo de 1988 el hielo grueso, de más de cuatro años, suponía el 26% del total: en 2013, el porcentaje se había desplomado hasta el 7%. Esta animación de la NOAA (la autoridad meteorológica y oceánica de Estados Unidos), que muestra la evolución de la edad del hielo desde 1987, casi parece una película de terror.
Como se ve en el vídeo, el Ártico está vivo y el hielo se mueve, circula y fluye por allí como lo hace el agua en cualquier océano. Existen dos grandes cintas transportadoras de hielo en el Ártico. Una es la corriente transpolar, que fluye desde el este de Siberia hacia el Polo Norte y el Atlántico. La otra es el giro de Beaufort, un inmenso remolino que atrapa el hielo al norte de Alaska y lo mantiene varios años dando vueltas. Parte del hielo que atrape se derretirá en verano, pero otra parte sobrevivirá al deshielo y el siguiente invierno engordará, convirtiéndose en lo que se llama "hielo multianual", más grueso y difícil de derretir. El giro es una fábrica de hielo viejo y grueso, mientras que la corriente transpolar hace justo lo contrario: dirige el hielo al estrecho de Fram, entre Groenlandia y Svalbard, donde le esperan las cálidas aguas de la corriente del Golfo.
Aumento de la temporada de deshielo
Siempre había un equilibrio, pero en los últimos tiempos, debido a los cambios en los patrones de los vientos dominantes -la llamada oscilación ártica-, el Giro de Beaufort ha sido menos efectivo que la corriente destructora y por el Atlántico se han perdido ingentes cantidades de hielo viejo y grueso. El hielo joven y delgado que queda en el Ártico se derrite mucho más fácilmente frente a un aire y, sobre todo, un océano cada vez más caliente. Según un reciente estudio de la NASA, la temporada de deshielo ha aumentado una media de cinco días por década entre 1979 y 2013.
Eso significa que el mar tarda mucho más en congelarse en otoño y se derrite antes cuando llegan los primeros rayos del sol en primavera. La mayoría del hielo que hemos encontrado este mes de abril durante la expedición de WWF-Canon en Svalbard, navegando junto al Instituto Polar Noruego en busca de osos polares, era muy delgado, de menos de un metro de espesor. Nuestro barco, el Lance, el rompehielos del Instituto, lo atravesaba como si fuera mantequilla. En muy poco tiempo, donde vimos mar helado sólo quedará agua.
La extensión del hielo marino se redujo a siete penínsulas ibéricas
Es difícil hacerse una idea de la escala de la transformación que está sufriendo el Ártico. En tres décadas, la extensión del hielo marino en verano se ha reducido una superficie equivalente a siete penínsulas ibéricas. Las consecuencias para los ecosistemas de la región y las especies únicas que dependen del hielo marino -desde los pequeños organismos que prosperan bajo él, hasta los osos polares- serán fulminantes.
Pero este no es, ni mucho menos, un problema local. El Ártico tiene una gran influencia en la regulación del clima global, así que su calentamiento se sentirá en todo el planeta. Entre los muchos impactos que podemos esperar está un aumento del nivel del mar por el deshielo de los glaciares, cambios en los patrones de las precipitaciones o en las corrientes oceánicas, y un aumento de los fenómenos meteorológicos extremos. El Ártico se desvanece, pero sin duda nos devolverá el golpe.

Fuente: Guillermo Prudencio - ElMundo.es

martes, 1 de abril de 2014

La ONU alerta de que habrá más sequías, inundaciones e incendios forestales en Europa.

El Panel Intergubernamental de la ONU sobre Cambio Climático (IPCC) alertó sobre el mayor riesgo de sequías, inundaciones e incendios forestales en Europa debido a los efectos del cambio climático tanto a corto como a medio plazo.
Así lo concluye  el informe presentado hoy en Yokohama (sur de Tokio) y elaborado por unos 500 expertos científicos y representantes políticos, donde se analizan los conocimientos actuales sobre el cambio climático y el impacto de este proceso sobre el hombre y la naturaleza en distintas regiones del mundo.
Se trata de "uno de los más amplios informes científicos de la historia" que incluye "sólidas evidencias de todas las disciplinas", según dijo al presentar el documento en rueda de prensa el secretario de laOrganización Mundial de Meteorología (OMM), Michel Jarraud.
El experto afirmó que "ya no hay ninguna duda de que el clima está cambiando", y añadió que "el 95% de este cambio se debe a la actividad humana".
El documento presentado por el IPCC analiza los efectos del cambio climático en la actualidad, a medio plazo -entre 2030 y 2040- y largo plazo (2080-2100), y para ello tiene en cuenta un aumento del calentamiento global de entre 2 y 4 grados centígrados, basado en proyecciones actuales.
Europa:
En el caso de Europa (PDF), el cambio climático provocará un incremento de las restricciones de agua debido a la "significativa reducción de la extracción de los ríos y de acuíferos subterráneos" combinada con el aumento de la demanda para irrigación, energía e industria y uso doméstico, señala el informe.
Este proceso se intensificará en determinadas áreas del continente debido una mayor pérdida de agua a través de la evaporación natural,"particularmente en el sur de Europa", precisa el documento.
Otro riesgo señalado para Europa es el aumento de las olas de calor, que podrían tener un impacto negativo en la salud y el bienestar públicos, la productividad laboral, la producción agrícola y la calidad del aire, así como elevar el riesgo de incendios forestales "en el sur de Europa y en la región boreal de Rusia".
El informe alerta además sobre la mayor probabilidad de inundaciones en las zonas costeras y cuencas de ríos a causa de la urbanización creciente, el aumento del nivel del mar y la erosión de la costa.
Medidas:
Para paliar estos riesgos, el IPCC insta a los líderes políticos a tomar medidas para reforzar los sistemas de vigilancia y alerta ante "eventos climáticos extremos", además de mejorar la gestión de recursos hídricos y las políticas para promover el ahorro de agua o para combatir los incendios forestales.
"Reducir estos riesgos dependerá de nuestra capacidad de mitigar los efectos del cambio climático y de adaptar a ellos nuestras sociedades", destacó en este sentido Chris Field, el vicepresidente de este grupo de trabajo de la ONU.
El presidente del IPCC, Rajendra Pachauri, señaló en particular la necesidad de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, un factor "del que dependerá lo que suceda en muchas partes del mundo en los próximos años".


Fuente: ElMundo.es

viernes, 28 de marzo de 2014

Estudian la evolución de la atmósfera terrestre a partir de obras de arte.

Paisaje de la isla de Hydra en Junio de 2010 durante y después de una nube de polvo del Sáhara P. TETSIS
En su estudio, publicado en la revista Atmospheric Chemistry and Physics, los investigadores detallan que las cenizas y los gases liberados tras una erupción volcánica hacen los atardeceres más rojizos. Además, otra de sus conclusiones es que a partir de la Revolución Industrial, un periodo de auge y transformaciones socioeconómicas y culturales (que duró desde el siglo XVIII hasta principios del XX), los niveles de contaminación atmosférica aumentaron de forma notable. Por ello, los pintores europeos fueron testigos de ambos fenómenos y en sus obras plasmaron cómo el cielo cambiaba de color continuamente.
«En los últimos 500 años hubo periodos de bastante actividad volcánica. Sus efectos se mantuvieron y bajaron las temperaturas. A ese periodo le siguieron los gases originados por el ser humano, que contaminan el aire, tal y como conocemos a partir de estudios e incluso de la literatura», cuenta a EL MUNDO Christos Zeferos, coordinador del estudio profesor de Física Atmosférica de la Academia de Atenas de Grecia.
Cuando el volcán Tambora (Indonesia) se activó en el año 1815, las rocas volcánicas que eran expulsadas desde el interior del volcán (piroclastos) junto a gases volcánicos se dispersaron en el aire y tiñeron los atardeceres de colores rojizos y anaranjados. La devastación y la magnitud de la erupción provocaron 10.000 muertos y cambios en la atmósfera a escala mundial, donde bajó la temperatura y se inició el llamado «invierno volcánico». Tras la erupción, los fuertes tonos rojizos permanecieron en el ambiente durante años y artistas como William Turner los recogieron en sus obras.
«La naturaleza habla desde el corazón y el alma de los artistas», explica el investigador. «Pero es sobre todo en los atardeceres cuando los colores verdes y rojos pintados en los cuadros dan una importante información del entorno».
Los autores del estudio analizaron 124 obras de arte. La mayoría eran obras de Turner, pero también estudiaron a John Brett (1831-1902) y su obra «El Canal Británico visto desde los acantilados de Dorsetshire», entre otros. El análisis, que se inició en 2005, partió de las obras realizadas en el año 1500 y concluyó con obras del 2000. Un periodo de tiempo en el que se dieron más de 50 erupciones en la Tierra de gran magnitud como la del volcán Cotopaxi (Ecuador) en 1744
El Canal Británico visto desde los acantilados de Dorsetshire JOHN BRETT
«Comprobamos que las proporciones de rojo y verde, medidos en las puestas de sol a partir de las pinturas de grandes maestros, están bien relacionadas con la cantidad de gases volcánicos en la atmósfera», reconoce el investigador.
Según su análisis, los cielos en los paisajes, que están más contaminados por la dispersión de cenizas volcánicas y la luz del sol, son más rojos. Para reforzar su teoría, quisieron comprobar si se produce el mismo efecto con los minerales que se encuentran dispersos en lugares como el desierto y con los gases contaminantes originados por el ser humano. Con este objetivo en mente, pidieron a un famoso artista que pintase puestas de sol durante y después de la llegada de una nube de polvo del Sáhara sobre la isla de Hydra (Grecia) en 2010. El pintor, al igual que sus predecesores, captó los cambios en la atmósfera.
Este estudio es un nuevo ejemplo de cómo el arte y la ciencia pueden unirse para explorar la evolución del clima durante cientos de años y el impacto que pueden tener los gases que surgen de la actividad humana en los cambios sobre la atmósfera. Además, este tipo de investigaciones pueden ayudar a predecir cómo será nuestro planeta en el futuro. «Queríamos ofrecer otras alternativas para estudiar el medio ambiente. Es una posible técnica a utilizar, pero es más importante conocer cómo nuestro cerebro percibe la naturaleza y lo que esto significa para la Ciencia», concluye Zerefos.

Fuente: ElMundo.es