miércoles, 18 de agosto de 2010

La paradoja de las aguas congeladas en los polos.


  • Crece el hielo en las aguas antárticas mientras el océano Ártico se derrite
  • El cambio climático está provocando más precipitaciones en forma de nieve
  • El crecimiento de emisiones de CO2 este siglo acelerará el deshielo

Un fenómeno curioso ocurre desde hace varias décadas en las aguas polares del planeta Tierra: mientras que el océano Ártico mengua en extensión, el Antártico tiende a lo contrario, sus aguas congeladas aumentan ligeramente en kilómetros.

Por primera vez investigadores del Instituto de tecnología de Georgia (Georgia Institute of Technology) han dado una explicación a la aparente paradoja del aumento del hielo oceánico Antártico en un clima más cálido.

Actualmente, mientras la atmósfera se calienta, el ciclo hidrológico se acelera y ocurren más precipitaciones en las aguas del sur que rodean la Antártida. El aumento de precipitaciones, sobre todo en forma de nieve, estabiliza la zona superior de las aguas congeladas y las aíslan. Adicionalmente, la nieve tiende a reflectar el calor atmosférico y ayuda a evitar el deshielo.

La investigación ha sido publicada esta semana en la revista norteamericana Proceedings of the National Academy of Science. Jiping Liu, uno de los responsables de la investigación, declara: "Queríamos entender esta aparente paradoja para comprender la posible evolución del océano Antártico ante el aumento de temperaturas por el efecto invernadero".

En cualquier caso, los modelos climáticos predicen un aumento de los gases de efecto invernadero durante el siglo XXI, lo que supondrá el deshielo más rápido de los glaciares tanto por la zona inferior como por la superior. Los expertos también alertan de una probable disminución de las nevadas, que serían sustituidas por lluvias, aumentando el ritmo del deshielo.

"Nuestro hallazgo plantea algunas posibilidades interesantes sobre lo que podríamos ver en las próximas décadas, que incluye la extensión del deshielo oceánico en el Antártico", explica la investigadora Judith A. Curry, de la escuela de Ciencias de la Tierra y la Atmósfera en Georgia (School of Earth and Atmospheric Sciences at GIT).


Fuente: ElMundo.es

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